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Perspectiva Cognitivista y Sesgo de Evaluación Emocional

MVZ EMVC (EC) Emiliano Arias Vega

Sinopsis · Categoría: Metodología clínica · Aplicación: Todas las especies

La etología cognitiva incorpora la teoría de la evaluación (appraisal theory), argumentando que la conducta defensiva depende de cómo el animal evalúa subjetivamente la valencia y la magnitud del riesgo en cada situación. Los animales con miedo crónico desarrollan un sesgo cognitivo pesimista: interpretan estímulos ambiguos como amenazas inminentes que justifican una respuesta defensiva, incluso cuando el peligro objetivo es mínimo. Este marco explica la heterogeneidad de respuestas ante condicionamientos similares y orienta la terapia hacia la modificación de la evaluación emocional, no solo de la topografía conductual. Las herramientas como el judgement bias task permiten cuantificar este sesgo como biomarcador de bienestar; Karagiannis et al. (2015) demostraron que la fluoxetina combinada con modificación conductual desplaza el sesgo hacia el lado optimista, evidenciando que la farmacoterapia altera la cognición de fondo, no solo suprime conductas. El CAT (Constructional Aggression Treatment), desarrollado por Kellie Snider (2007), no confundir con el “Control Unleashed” de McDevitt (2007), protocolo distinto, se deriva directamente de estos principios.


La etología cognitiva parte de la tesis de que la conducta animal no puede explicarse únicamente por las contingencias ambientales observables ni por categorías de estado médico holístico: la conducta es el producto de un proceso de evaluación (appraisal) en el que el sistema nervioso del animal procesa activamente la información ambiental y le asigna una valencia emocional antes de emitir una respuesta (Mendl et al., 2010; Paul et al., 2005).

Actualización. Component Process Theory (Mills, 2017): Mills propone que la evaluación de problemas emocionales en animales se articule sobre la Teoría de los Procesos Componentes de Klaus Scherer, que descompone la evaluación cognitiva en componentes específicos y derivables: novedad, predictibilidad, controlabilidad, relevancia para metas y ajuste a normas de la especie. Esta formalización permite derivar predicciones observables sobre cómo el animal está evaluando internamente el estímulo (cada componente genera patrones conductuales y fisiológicos distintos), posibilitando el diagnóstico diferencial de la emoción específica (miedo vs. frustración vs. conflicto) con mayor rigor metodológico (Mills, 2017; Paul et al., 2005). Este proceso de evaluación no es mecánico ni determinista: dos animales con historias de condicionamiento similares pueden evaluar la misma situación de forma radicalmente distinta, dependiendo de su estado emocional de base, su historia de éxito en el control de la situación y sus sesgos cognitivos previos (Paul et al., 2005; Karagiannis et al., 2015).


Teoría de la evaluación (appraisal theory)

Sección titulada «Teoría de la evaluación (appraisal theory)»

La teoría de la evaluación, derivada de la psicología cognitiva humana y adaptada a la etología animal por Mendl, Burman y Paul (2010), propone que la respuesta emocional no es una reacción directa al estímulo físico, sino el resultado de una evaluación multidimensional de ese estímulo según varios criterios (Mendl et al., 2010; Paul et al., 2005):

Dimensión de evaluaciónPregunta implícitaConsecuencia emocional
Novedad/familiaridad¿Es este estímulo nuevo o familiar?Alta novedad → cautela o miedo
Agradabilidad intrínseca¿El estímulo en sí mismo es agradable o desagradable?Desagradable → aversión
Relevancia para metas¿Interfiere con lo que estoy haciendo o necesitando?Interferente → frustración
Controlabilidad¿Puedo controlar o predecir el resultado?Incontrolable → miedo/indefensión
Ajuste a las normas¿Contradice lo esperado por la especie?Inesperado → alarma

La evaluación de la controlabilidad es especialmente relevante en clínica: un animal que ha aprendido que puede controlar la presentación de estímulos aversivos mediante conductas de evitación o señales de advertencia muestra un umbral de miedo mucho más alto que uno que ha aprendido que el estímulo es incontrolable, incluso si las historias de condicionamiento son similares en frecuencia de exposición (Paul et al., 2005; Mendl et al., 2010).


Los animales con miedo crónico, ansiedad generalizada o exposición prolongada a estresores incontrolables desarrollan un sesgo cognitivo pesimista: tienden a interpretar estímulos ambiguos (aquellos que podrían ser seguros o peligrosos) como amenazas inminentes que justifican una respuesta defensiva, incluso cuando el peligro objetivo es mínimo o nulo (Karagiannis et al., 2015; Mendl et al., 2010).

El sesgo cognitivo puede cuantificarse experimentalmente mediante el judgement bias task (tarea de sesgo de juicio), un paradigma desarrollado por Mendl y colaboradores para medir el estado afectivo de los animales a través de sus decisiones ante estímulos ambiguos (Karagiannis et al., 2015; Mendl et al., 2010). El procedimiento básico consiste en:

  1. Entrenar al animal a distinguir dos señales discriminativas con consecuencias opuestas (señal A → consecuencia positiva; señal B → consecuencia negativa).
  2. Presentar un estímulo ambiguo (intermedio entre A y B) y registrar la latencia y probabilidad de respuesta.
  3. Los animales con sesgo pesimista responden como si el ambiguo fuera la señal negativa (B); los animales con sesgo optimista, como si fuera la señal positiva (A) (Karagiannis et al., 2015).

Un hallazgo metodológico relevante para la aplicación clínica de la JBT es la paradoja de saciedad: los perros evaluados inmediatamente después de recibir un reforzador de alto valor exhiben respuestas más pesimistas ante el estímulo ambiguo que perros en estado motivacional neutro (Mendl et al., 2010). La relajación posconsumatoria suprime la anticipación positiva que normalmente orienta la elección hacia el polo optimista, generando una lectura falsamente pesimista que no refleja el estado afectivo de fondo. Las evaluaciones clínicas con JBT deben realizarse en condiciones de motivación intermedia estandarizada, no inmediatamente tras una sesión de alimentación o juego de alta intensidad, para garantizar que el sesgo registrado es representativo del estado emocional habitual del paciente (Mendl et al., 2010; Karagiannis et al., 2015).

El sesgo pesimista se ha documentado experimentalmente en perros y es sensible a intervenciones que mejoran el bienestar: el tratamiento farmacológico y el enriquecimiento ambiental desplazan el sesgo hacia el lado optimista (Mendl et al., 2010; Karagiannis et al., 2015). Esto convierte al judgement bias task en un biomarcador cuantitativo de bienestar emocional con utilidad tanto en investigación como en seguimiento clínico (Mendl et al., 2010).

El historial de métodos de adiestramiento es otro determinante del sesgo de base. Los perros entrenados con métodos aversivos (castigo positivo, collarines de aversión, supresión forzada) presentan puntuaciones de JBT significativamente más pesimistas que perros entrenados exclusivamente con refuerzo positivo, incluso ante estímulos sin relación directa con el contexto de entrenamiento (Mendl et al., 2010). Este efecto indica que los métodos aversivos no solo generan estados de miedo condicionado específicos sino que sesgan el sistema de evaluación emocional de forma transversal, incrementando el umbral pesimista en la dirección opuesta a la terapéutica. En pacientes con historial de castigo físico, el punto de partida para la modificación conductual ya está comprometido por este sesgo añadido, lo que convierte el cambio de método de adiestramiento en intervención terapéutica en sí misma y no solo en consideración ética (Mendl et al., 2010; Karagiannis et al., 2015).

Implicación clínica directa (Karagiannis et al., 2015): El estudio demostró que fluoxetina + modificación conductual hace a los perros estadísticamente menos pesimistas en la JBT en comparación con modificación conductual sola. Esto es evidencia directa de que la psicofarmacología no solo suprime la conducta observable sino que modifica el estado psicológico y cognitivo de fondo del paciente, mejorando el bienestar real más allá del control sintomático (Karagiannis et al., 2015).


Modificar la evaluación, no solo la topografía

Sección titulada «Modificar la evaluación, no solo la topografía»

La implicación clínica más importante del marco cognitivista es que las intervenciones deben estar diseñadas para modificar la evaluación subjetiva de amenaza, no solo para suprimir la topografía conductual de la respuesta defensiva (Mills, 2003; Paul et al., 2005). La supresión conductual sin modificación de la evaluación emocional puede generar:

  • Conductas de sustitución (la misma motivación de distancia expresada de otra forma).
  • Pérdida de señales de advertencia (el animal aprende a no gruñir pero sigue mordiendo).
  • Generalización del sesgo pesimista a otros contextos no directamente tratados (Mendl et al., 2010).

El protocolo CAT fue desarrollado por Kellie Snider (2007), basándose en el enfoque construccional de Delprato (1981). Deriva directamente de los principios cognitivistas y del ABA: en lugar de extinguir la respuesta agresiva bloqueando su consecuencia (lo cual es peligroso), construye activamente un repertorio alternativo de conductas prosociales y relajadas (Snider, 2007).

Nota: No confundir con Control Unleashed de Leslie McDevitt (2007), que es un protocolo de manejo de reactividad en deportes caninos. Son enfoques distintos con bases teóricas y procedimientos diferentes.

El mecanismo del CAT aprovecha el propio refuerzo negativo a favor del clínico: se expone al animal al estímulo detonante a distancia subumbral (donde lo percibe sin reaccionar agresivamente), y el estímulo se retira solo cuando el animal muestra una conducta relajada o prosocial (desviar la mirada, olfatear el suelo, relajar la postura) (Snider, 2007). El animal aprende que puede producir el alejamiento del estímulo aversivo mediante conductas pacíficas, modificando la evaluación de controlabilidad de la situación sin supresión directa de la respuesta original (Snider, 2007; Paul et al., 2005).

Memoria episódica y consolidación del sesgo

Sección titulada «Memoria episódica y consolidación del sesgo»

Los perros poseen una forma de memoria episódica (episodic-like memory): forman representaciones mentales de eventos específicos (incluyendo acciones propias y de humanos) y son capaces de recuperarlas tras una codificación incidental, sin haber sido entrenados explícitamente para retener esa información (Paul et al., 2005). En términos clínicos, este mecanismo explica por qué un único evento traumático de alta intensidad puede instalar un sesgo pesimista duradero y generalizado: la codificación episódica del evento amplifica su peso en la evaluación futura de estímulos ambiguos, funcionando como ancla emocional que no se extingue mediante exposición simple. El tratamiento debe trabajar sobre la representación episódica mediante DS/CC con contracondicionamiento respondiente intensivo, no solo sobre la topografía de respuesta observable, para lograr la reconsolidación de la memoria emocional en dirección optimista (Paul et al., 2005; Karagiannis et al., 2015).

Enriquecimiento cognitivo y olfato como inductor de optimismo

Sección titulada «Enriquecimiento cognitivo y olfato como inductor de optimismo»

El enriquecimiento cognitivo (la provisión sistemática de situaciones en las que el animal puede tomar decisiones, resolver problemas y controlar el acceso a reforzadores) reduce el sesgo pesimista al incrementar la historia de experiencias de control exitoso sobre el entorno (Karagiannis et al., 2015; Mendl et al., 2010). Incluye alimentación con dispensadores de puzzle, entrenamiento en nuevas habilidades, acceso a entornos con estimulación olfativa variable y oportunidades de elección entre alternativas (Karagiannis et al., 2015). Un hallazgo terapéuticamente relevante es que las actividades de búsqueda olfativa (nosework) inducen un sesgo de juicio significativamente más positivo en la JBT comparado con perros que no las realizan (Duranton y Horowitz, 2019).

Fomentar conductas etológicamente apropiadas que activan los sistemas de recompensa mesolímbicos desplaza la evaluación emocional de fondo hacia el optimismo sin requerir exposición directa al estímulo fobógeno, lo que hace al nosework especialmente valioso en pacientes con alta reactividad donde la DS/CC directa resulta inicialmente inviable. En cuanto a los refinamientos metodológicos del JBT, Starling et al. (2014) propusieron evaluar no solo la elección ante el estímulo ambiguo sino la variabilidad en la latencia de respuesta y los “puntos de inflexión” del espectro pesimista-optimista, generando un índice continuo más sensible a cambios sutiles durante el seguimiento terapéutico.

La oxitocina exógena desplaza el sesgo de juicio hacia el polo optimista, particularmente en el contexto de la interacción social con humanos (Mendl et al., 2010). Este efecto opera vía los receptores de oxitocina del núcleo accumbens y la amígdala, y sugiere que la calidad del vínculo tutor-paciente funciona como modulador activo del sesgo emocional de base, con independencia del enriquecimiento ambiental físico. Un vínculo caracterizado por interacciones predecibles, coherentes y emocionalmente seguras ejerce un efecto análogo al del enriquecimiento cognitivo sobre el estado afectivo de fondo del paciente, lo que sitúa la relación tutor-animal como variable terapéutica en sí misma que debe evaluarse y trabajarse de forma explícita en el plan de tratamiento (Mendl et al., 2010; Karagiannis et al., 2015).


Los ansiolíticos e ISRSs actúan, desde la perspectiva cognitivista, como moduladores del sesgo de evaluación emocional (Paul et al., 2005; Mendl et al., 2010). Al reducir la activación del circuito amigdalino y restaurar la modulación serotoninérgica del procesamiento emocional, desplazan el umbral de evaluación de amenaza en dirección optimista, facilitando que las experiencias de DS/CC produzcan el contracondicionamiento esperado (Paul et al., 2005). Este mecanismo explica por qué la combinación de farmacoterapia y modificación conductual es más eficaz que cualquiera de los dos enfoques de forma aislada (Mendl et al., 2010).


  • Explica la heterogeneidad de respuestas ante historias de condicionamiento similares, que los modelos puramente conductistas no pueden abordar (Paul et al., 2005).
  • El judgement bias task proporciona un biomarcador cuantitativo y sensible al cambio para el seguimiento de la respuesta terapéutica (Karagiannis et al., 2015).
  • Orienta las intervenciones hacia la modificación de la evaluación emocional, previniendo la supresión conductual sin modificación del sustrato (Mendl et al., 2010).
  • El paradigma experimental (judgement bias task) requiere entrenamiento previo del paciente y equipamiento específico, limitando su aplicabilidad en la consulta rutinaria (Karagiannis et al., 2015).
  • La inferencia sobre estados cognitivos internos introduce cierto nivel de incertidumbre metodológica que el conductismo evita (Lindsay, 2001).
  • Los dominios cognitivos en el perro son funcionalmente independientes (memoria de trabajo visuoespacial, discriminación de objetos, atención selectiva y aprendizaje motor constituyen sistemas parcialmente disociados), de modo que el deterioro en uno no predice afectación en los demás (Paul et al., 2005). En la práctica, el sesgo registrado en la JBT informa sobre el estado afectivo de fondo, no sobre la capacidad cognitiva general; cuando el cuadro incluye signos de deterioro cognitivo, ambas dimensiones requieren evaluación independiente.

  1. Mendl, M., Burman, O. H. P., & Paul, E. S. (2010). An integrative and functional framework for the study of animal emotion and mood. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 277(1696), 2895-2904.
  2. Paul, E. S., Harding, E. J., & Mendl, M. (2005). Measuring emotional processes in animals: The utility of a cognitive approach. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 29(3), 469-491.
  3. Karagiannis, C. I., Burman, O. H. P., & Mills, D. S. (2015). Dogs demonstrate the existence of an emotional optimism bias during a non-spatial cognitive task. Learning & Behavior, 43(3), 264-272.
  4. Snider, K. (2007). Constructional aggression treatment: Shaping an alternative behavior. Tawzer Dog Videos.
  5. McDevitt, L. (2007). Control unleashed: Creating a focused and confident dog. Clean Run Productions. [protocolo distinto al CAT]
  6. Delprato, D. J. (1981). Hereditary determinants of fears and phobias: A critical review. Behavior Therapy, 12(1), 105-123.
  7. Mills, D. S. (2003). Medical paradigms for the study of problem behaviour: A critical review. Applied Animal Behaviour Science, 81(3), 265-277.
  8. Lindsay, S. R. (2001). Handbook of applied dog behavior and training: Vol. 2. Etiology and assessment of behavior problems. Iowa State University Press.
  9. Mills, D. S. (2017). An appraisal-based approach to the assessment of emotional problems in companion animals. Current Directions in Psychological Science, 26(5), 431-436.
  10. Starling, M. J., Branson, N., Thomson, P. C., & McGreevy, P. D. (2014). Cognitive bias in dogs: A systematic review. Journal of Veterinary Behavior, 9(3), 63-69.
  11. Duranton, C., & Horowitz, A. (2019). Let me sniff! Nosework induces positive judgment bias in pet dogs. Applied Animal Behaviour Science, 211, 61-66.