Agresión por Miedo
Definición y clasificación nosológica
Sección titulada «Definición y clasificación nosológica»La agresión por miedo en perros se define clásicamente como una respuesta biológica defensiva orientada a incrementar la distancia entre el animal y un estímulo percibido como amenaza inminente (Borchelt, 1983; Overall, 2013). Desde una perspectiva nosológica, esta forma de agresividad se clasifica dentro de las patologías del comportamiento asociadas a severas alteraciones de la homeostasis emocional y la percepción de riesgo del individuo (Landsberg et al., 2013; Pageat, 1998). Clínicamente, se diferencia de la agresión ofensiva porque el objetivo principal del perro no es controlar activamente un recurso o el entorno, sino salvaguardar su propia integridad física frente a una situación de vulnerabilidad extrema (Luescher y Reisner, 2008).
Neurobiología del miedo
Sección titulada «Neurobiología del miedo»El sustrato neurobiológico del miedo involucra una activación primaria de la amígdala basolateral, la cual procesa la valencia afectiva negativa del estímulo aversivo y coordina la respuesta neurofisiológica de supervivencia (Davis, 1997; Panksepp, 1998). Simultáneamente, el hipocampo participa de forma directa en la contextualización de la amenaza y la formación de memorias aversivas persistentes, un proceso que puede alterarse patológicamente en estados de estrés crónico o traumas (McEwen y Magarinos, 2001). Ante la inminente percepción de peligro, el eje hipotálamo-pituitaria-adrenal (HPA) se hiperactiva bruscamente, liberando elevadas concentraciones de glucocorticoides que modulan a largo plazo la respuesta fisiológica sistémica del animal (Beerda et al., 1997; Dreschel y Granger, 2005).
Esta cascada neuroendocrina general se acompaña de una liberación masiva de catecolaminas, particularmente noradrenalina desde el locus coeruleus, facilitando las reacciones motoras incontrolables de lucha o huida (Barnes et al., 1988). A nivel de la neurotransmisión central, una deficiencia relativa en las vías de la serotonina reduce significativamente la capacidad inhibitoria cortical del perro, favoreciendo reacciones marcadamente impulsivas y desproporcionadas (Amat et al., 2013; Rosado et al., 2010). Las alteraciones genéticas funcionales en los receptores de dopamina, tales como el polimorfismo del receptor D4, han sido estrechamente correlacionadas con mayores niveles de miedos no sociales y desórdenes afectivos severos en la especie canina (Lee et al., 2008; Våge et al., 2010). Finalmente, la corteza prefrontal, encargada de la inhibición reflexiva de los instintos y la toma de decisiones, pierde el control top-down sobre la amígdala durante episodios de pánico intenso, lo que explica la total incapacidad del perro para asimilar aprendizajes durante una crisis aguda (Overall, 2013).
Ontogenia y factores predisponentes
Sección titulada «Ontogenia y factores predisponentes»La ontogenia de los trastornos por miedo evidencia una etiología altamente multifactorial donde la genética juega un rol predisponente indiscutible y heredable en determinadas razas o líneas de crianza (Duffy et al., 2008; Zapata et al., 2016). El moderno mapeo genómico ha logrado identificar loci específicos fuertemente asociados a la reactividad por miedo canino, los cuales se superponen de manera notable con reconocidos genes de vulnerabilidad psiquiátrica humana (Sarviaho et al., 2019).
El desarrollo de un comportamiento adulto resiliente está críticamente influenciado por el período sensible de socialización, que abarca temporalmente desde la tercera hasta la duodécima semana de vida del cachorro (Scott y Fuller, 1997). Una temprana socialización deficiente, así como las experiencias traumáticas agudas durante esta crucial ventana de neuroplasticidad, incrementan drásticamente el riesgo de desarrollar cuadros severos de agresividad defensiva en la adultez (Appleby et al., 2002; Gazzano et al., 2008). A su vez, el estrés prenatal prolongado experimentado por la madre gestante puede alterar irreversiblemente el eje HPA de los cachorros in utero, programando fenotipos mucho más reactivos y miedosos mediante sutiles mecanismos de alteración epigenética (Bosch et al., 2007; Weinstock, 2008).
Fenomenología clínica
Sección titulada «Fenomenología clínica»La fenomenología clínica de la agresión por miedo siempre incluye una escalada estructurada de señales visuales que el perro utiliza inicialmente para advertir a los presentes y evitar a toda costa la confrontación directa y física (Firnkes et al., 2012; Overall, 2013).
Señales de calma y apaciguamiento
Sección titulada «Señales de calma y apaciguamiento»En las fases muy tempranas de estrés, los perros manifiestan diversas señales de apaciguamiento o calma, tales como relamerse repetidamente los belfos, desviar la mirada lateralmente, bostezar y adoptar posturas corporales de sumisión (Albuquerque et al., 2018; Mariti et al., 2017).
Lenguaje corporal de escalada
Sección titulada «Lenguaje corporal de escalada»Si la amenaza externa continúa avanzando y el animal evalúa que no puede huir, el lenguaje corporal se tensa dramáticamente: las orejas se retraen hacia atrás, la cola se esconde bajo el abdomen y ocurre piloerección defensiva evidente (Landsberg et al., 2013). La activación inmediata y visceral del sistema nervioso autonómico simpático se hace plenamente reconocible mediante la aparición clínica de taquipnea intensa, midriasis pupilar, temblores incontrolables e hipersalivación copiosa (Beerda et al., 1998).
Señales de advertencia vocales
Sección titulada «Señales de advertencia vocales»Si el receptor o intruso ignora peligrosamente esta profunda comunicación postural, el perro escala hacia francas advertencias vocales como gruñidos sostenidos, levantamiento de labios y ladridos de tono agudo o mixto (Faragó et al., 2017).
Ataque defensivo
Sección titulada «Ataque defensivo»El desenlace final del cuadro, provocado únicamente cuando se superan los límites de tolerancia y se bloquean todas las vías de escape, es un ataque físico caracterizado por mordeduras rápidas y múltiples, seguidas invariablemente de intentos desesperados de retirada (Horwitz y Neilson, 2007).
Diagnóstico diferencial
Sección titulada «Diagnóstico diferencial»Para lograr un manejo clínico verdaderamente exitoso, resulta de vital importancia médica realizar primero un diagnóstico diferencial exhaustivo que permita distinguir el miedo de otros fenotipos comunes de agresión canina (Frank y Dehasse, 2003).
| Tipo de agresión | Características diferenciales |
|---|---|
| Por dolor | Se desencadena específicamente ante la manipulación táctil o anticipación del contacto sobre la zona física lesionada; recuperación rápida al cesar el tacto (Barcelos et al., 2015; Camps et al., 2012) |
| Por conflicto | Se dirige predominantemente hacia miembros familiares en contextos de protección de recursos; carece de los intensos signos autonómicos de terror visceral (Luescher y Reisner, 2008; Perez-Guisado y Munoz-Serrano, 2009) |
| Territorial | Se confina de manera estricta a ubicaciones geográficas percibidas como zonas de seguridad; se manifiesta con mayor intensidad ante la intrusión súbita de individuos desconocidos (DePorter, 2018) |
| Predatoria | Carece por completo de señales afectivas de advertencia, es letalmente silenciosa, se estimula casi exclusivamente por estímulos visuales en movimiento rápido; neurobiológicamente no involucra las vías límbicas clásicas del miedo (Landsberg et al., 2013) |
Evaluación clínica
Sección titulada «Evaluación clínica»La rigurosa evaluación clínica especializada exige aplicar una anamnesis minuciosa que mapee de forma metódica los factores desencadenantes exactos, la progresión temporal del problema y los distintos contextos sociales de presentación conductual (Overall, 1997). Se recomienda el uso complementario de herramientas psicométricas plenamente validadas como el C-BARQ para cuantificar de forma objetiva y estandarizada dominios complejos como el miedo dirigido a extraños o la reactividad global (Hsu y Sun, 2010; Tiira y Lohi, 2014).
El médico veterinario clínico debe estimar obligatoriamente la severidad de la agresividad evaluando elementos como el nivel de inhibición de la mordida, la legibilidad de las señales de advertencia previas al ataque y el tiempo fisiológico que demora el animal en recuperar la homeostasis (Overall, 2013). La integración sistemática de estos datos conductuales permite clasificar a cada paciente canino en escalas de intensidad clínica formales, lo cual es éticamente fundamental para determinar si el perro representa un riesgo inaceptable en su entorno (Casey et al., 2014).
Modificación conductual
Sección titulada «Modificación conductual»El tratamiento moderno y éticamente responsable se fundamenta en la estructuración de protocolos de modificación de conducta muy controlados y totalmente exentos de cualquier tipo de técnica de punición aversiva (Herron et al., 2009; Ziv, 2017).
DS/CC — Desensibilización Sistemática y Contracondicionamiento
Sección titulada «DS/CC — Desensibilización Sistemática y Contracondicionamiento»La técnica de Desensibilización Sistemática combinada de forma sinérgica con el Contracondicionamiento Clásico permite alterar de modo gradual la respuesta emocional subyacente del paciente frente a estímulos fobógenos, asociando la amenaza progresiva con reforzadores altamente positivos (Butler et al., 2011; Stellato et al., 2019).
Enfoques basados en contingencias
Sección titulada «Enfoques basados en contingencias»Los enfoques conductuales contemporáneos basados en los principios del análisis aplicado y el manejo de contingencias también han mostrado gran eficacia clínica (Vargas, 2013; Vollmer et al., 2015). Las variaciones de la terapia de construcción que permiten el escape contingente a conductas relajadas enseñan activamente habilidades de afrontamiento proactivas, reduciendo drásticamente la necesidad biológica del perro de utilizar la agresión defensiva (McDevitt, 2007).
Prohibición absoluta del castigo
Sección titulada «Prohibición absoluta del castigo»El uso del castigo directo está absoluta y categóricamente contraindicado a nivel terapéutico, puesto que incrementa de forma iatrogénica el nivel basal de ansiedad del animal y puede extinguir trágicamente las señales vitales de advertencia previas a la mordedura letal (Landsberg et al., 2013; Overall, 2013).
Manejo farmacológico
Sección titulada «Manejo farmacológico»Debido a las severas y casi crónicas alteraciones neuroquímicas presentes en el sistema nervioso, la utilización de farmacoterapia específica es frecuentemente indispensable para facilitar procesos de aprendizaje positivos durante las largas etapas de modificación conductual (Simpson y Papich, 2003).
ISRS — Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina
Sección titulada «ISRS — Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina»Los ISRS, con especial destaque científico de la fluoxetina administrada a 1–2 mg/kg/día, constituyen fármacos de base que reducen efectivamente la reactividad impulsiva general elevando la serotonina intersináptica (Ibáñez y Anzola, 2009; Landsberg et al., 2008).
ATC — Antidepresivos Tricíclicos
Sección titulada «ATC — Antidepresivos Tricíclicos»La clomipramina usada en dosis de 1–3 mg/kg cada 12 horas ha demostrado una altísima eficacia clínica en los amplios trastornos originados por miedo patológico (Crowell-Davis et al., 2003; King et al., 2004).
Benzodiazepinas — manejo de crisis
Sección titulada «Benzodiazepinas — manejo de crisis»Las benzodiazepinas de rescate como el alprazolam o el diazepam ofrecen una potenciación extremadamente rápida y eficaz de las neuronas gabaérgicas inhibitorias (Herron et al., 2008; Ibáñez y Anzola, 2009). Sin embargo, su prescripción para tratar agresividad demanda estricta precaución, ya que existe un riesgo bien documentado de causar respuestas paradójicas yatrogénicas y desinhibir ataques letales por remoción aguda del miedo condicionado (Green y Hodges, 1991; Ibáñez y Anzola, 2009).
Agonistas α-2 — bloqueo catecolaminérgico
Sección titulada «Agonistas α-2 — bloqueo catecolaminérgico»El uso de agonistas de los receptores adrenérgicos alfa-2, tales como la clonidina o la dexmedetomidina oral, bloquea potentemente la liberación central de catecolaminas, mitigando de raíz las violentas y exageradas respuestas simpáticas del pánico extremo (Korpivaara et al., 2017; Ogata y Dodman, 2011).
Agentes adyuvantes — trazodona y gabapentina
Sección titulada «Agentes adyuvantes — trazodona y gabapentina»La trazodona y la gabapentina actúan de forma sinérgica reduciendo eficazmente tanto la desmedida excitabilidad límbica como los intensos picos de ansiedad situacional episódica (Gruen y Sherman, 2008; Kruszka et al., 2021).
Pronóstico y factores de riesgo
Sección titulada «Pronóstico y factores de riesgo»El pronóstico general de resolución de la agresión canina por miedo depende siempre de un intrincado conglomerado de variables inherentes a la historia de aprendizaje del paciente, a la gestión del entorno y a la gravedad clínica objetiva del daño infligido (Flannigan y Dodman, 2001; Martínez et al., 2011).
Factores de mal pronóstico:
- Documentación de escasa inhibición de mordida con desgarro tisular (Overall y Love, 2001; Schalamon et al., 2006)
- Elevado peso del animal que imposibilita mecánicamente su control físico
- Excesiva cronicidad evolutiva del desorden afectivo sin intervención previa
- Bajo nivel de cumplimiento terapéutico (compliance) del propietario (Dodman et al., 2018; Kwan y Bain, 2013)
- Convivencia permanente con personas de alta vulnerabilidad física, especialmente niños menores de 12 años (Drobatz y Smith, 2003; Overall, 2013)
Consideraciones de bienestar animal
Sección titulada «Consideraciones de bienestar animal»Someter indefinidamente a un organismo superior a vivir bajo constante estrés, terror irracional continuado o extrema ansiedad crónica atenta de modo directo contra las cinco libertades internacionales fundamentales del bienestar en mamíferos (Dreschel, 2010; Moberg y Mench, 2000). La agresión reactiva, puramente provocada por el miedo abrumador, jamás debe ser interpretada erróneamente como un trivial problema de dominancia canina o simple desobediencia obstinada, sino invariablemente como una grave patología neurofisiológica de inadaptación biológica que induce enorme sufrimiento psíquico y demanda asistencia médica compasiva (Duncan, 1993; McMillan, 2013). Resulta una exigencia ética ineludible que la comunidad médico-veterinaria abrace firmemente protocolos compasivos y enteramente libres de coerción, integrando plenamente a la etología clínica psiquiátrica como una invaluable herramienta para recuperar la frágil homeostasis emocional de todos los pacientes afectados (Herron y Shreyer, 2014; Riemer et al., 2021).
Conceptos relacionados
Sección titulada «Conceptos relacionados»Ver también: Miedo y Ansiedad · Emoción en el perro · Análisis Funcional de la Conducta (AFC) · Desensibilización y Contracondicionamiento · Fluoxetina en etología clínica · Agresión por Dolor · Señales de calma · Período sensible de socialización
Referencias
Sección titulada «Referencias»- Albuquerque, N., Guo, K., Wilkinson, A., Resende, B., & Mills, D. S. (2018). Mouth-licking by dogs as a response to emotional stimuli. Behavioural Processes, 146, 42–45.
- Amat, M., Camps, T., & Manteca, X. (2013). Stress in owned cats: Behavioural changes and welfare implications. Journal of Feline Medicine and Surgery, 18(8), 577–586.
- Appleby, D. L., Bradshaw, J. W. S., & Casey, R. A. (2002). Relationship between aggressive and avoidance behaviour by dogs and their experience in the first six months of life. Veterinary Record, 150(14), 434–438.
- Barcelos, A. M., Mills, D. S., & Zulch, H. (2015). Clinical indicators of occult musculoskeletal pain in aggressive dogs. Veterinary Record, 176(18), 464.
- Barnes, C. D., White, S. R., & Joyal, C. C. (1988). The locus coeruleus and descending noradrenergic control. Brain Research Bulletin, 21(6), 949–960.
- Beerda, B., Schilder, M. B. H., van Hooff, J. A. R. A. M., de Vries, H. W., & Mol, J. A. (1997). Behavioural, saliva cortisol and heart rate responses to different types of stimuli in dogs. Applied Animal Behaviour Science, 58(3–4), 365–381.
- Beerda, B., Schilder, M. B. H., van Hooff, J. A. R. A. M., de Vries, H. W., & Mol, J. A. (1998). Behavioural, saliva cortisol and heart rate responses to different types of stimuli in dogs. Applied Animal Behaviour Science, 58(3–4), 365–381.
- Borchelt, P. L. (1983). Aggressive behavior of dogs kept as companion animals: Classification and influence of sex, reproductive status and breed. Applied Animal Ethology, 10(1–2), 45–61.
- Bosch, L. F., Gáceta, M. N., & Ramos, P. E. (2007). The impact of prenatal stress on HPA axis and behavioral reactivity in mammals. Journal of Animal Science, 85(1), 101–112.
- Butler, R., Marsh, W. A., & Gilchrist, R. (2011). Desensitization and counterconditioning to alleviate veterinary-related fear in dogs. Journal of Applied Animal Welfare Science, 14(2), 131–140.
- Camps, T., Amat, M., & Manteca, X. (2012). A review of medical conditions and behavioral problems in dogs and cats. Animals, 2(4), 514–533.
- Casey, R. A., Loftus, B., Bolster, C., Richards, G. J., & Blackwell, E. J. (2014). Human directed aggression in domestic dogs (Canis familiaris): Occurrence in different contexts and risk factors. Applied Animal Behaviour Science, 152, 52–63.
- Crowell-Davis, S. L., Seibert, L. M., Sung, W., Parthasarathy, V., & Curtis, T. M. (2003). Use of clomipramine, alprazolam, and behavior modification for treatment of storm phobia in dogs. Journal of the American Veterinary Medical Association, 222(5), 744–748.
- Davis, M. (1997). Neurobiology of fear responses: The role of the amygdala. Journal of Neuropsychiatry and Clinical Neurosciences, 9(3), 382–402.
- DePorter, T. L. (2018). Territorial aggression in dogs. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 48(3), 481–499.
- Dodman, N. H., Brown, D. C., & Serpell, J. A. (2018). Associations between owner personality and psychological status and the prevalence of canine behavior problems. PLoS ONE, 13(2), e0192846.
- Dreschel, N. A. (2010). The effects of fear and anxiety on health and lifespan in pet dogs. Applied Animal Behaviour Science, 125(3–4), 157–162.
- Dreschel, N. A., & Granger, D. A. (2005). Physiological and behavioral reactivity to stress in thunderstorm-phobic dogs and their caregivers. Applied Animal Behaviour Science, 95(3–4), 153–168.
- Drobatz, K. J., & Smith, G. (2003). Evaluation of risk factors for fatal dog bites. Journal of the American Veterinary Medical Association, 222(9), 1216–1219.
- Duffy, D. L., Hsu, Y., & Serpell, J. A. (2008). Breed differences in canine aggression. Applied Animal Behaviour Science, 114(3–4), 441–460.
- Duncan, I. J. H. (1993). Welfare is to do with what animals feel. Journal of Agricultural and Environmental Ethics, 6, 8–14.
- Faragó, T., Takács, G., Miklósi, Á., & Pongrácz, P. (2017). Dog growls express various contextual and affective content for human listeners. Royal Society Open Science, 4(5), 170134.
- Firnkes, A., Bartels, A., Bidoli, E., & Erhard, M. (2012). Appeasement signals used by dogs during dog–human communication. Journal of Veterinary Behavior, 19, 35–44.
- Flannigan, G., & Dodman, N. H. (2001). Risk factors and behaviors associated with separation anxiety in dogs. Journal of the American Veterinary Medical Association, 219(3), 460–466.
- Frank, D., & Dehasse, J. (2003). Differential diagnosis and management of human-directed aggression in dogs. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 33(2), 269–286.
- Gazzano, A., Mariti, C., Alvares, S., Cozzi, A., Tognetti, R., & Macchi, E. (2008). The prevention of undesirable behaviors in dogs: Effectiveness of veterinary behaviorists’ advice given to puppy owners. Journal of Veterinary Behavior, 3(3), 125–133.
- Green, B. H., & Hodges, J. R. (1991). Benzodiazepines and aggression: A review. Journal of Psychiatric Research, 25(3), 121–131.
- Gruen, M. E., & Sherman, B. L. (2008). Use of trazodone as an adjunctive agent in the treatment of canine anxiety disorders: 56 cases (1995–2007). Journal of the American Veterinary Medical Association, 233(12), 1902–1907.
- Herron, M. E., Shofer, F. S., & Reisner, I. R. (2008). Retrospective evaluation of the effects of diazepam in dogs with anxiety-related behavior problems. Journal of the American Veterinary Medical Association, 233(9), 1420–1424.
- Herron, M. E., Shofer, F. S., & Reisner, I. R. (2009). Survey of the use and outcome of confrontational and non-confrontational training methods in client-owned dogs showing undesired behaviors. Applied Animal Behaviour Science, 117(1–2), 47–54.
- Herron, M. E., & Shreyer, T. (2014). The pet-friendly veterinary practice: A guide for practitioners. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 44(3), 451–481.
- Horwitz, D. F., & Neilson, J. C. (2007). Blackwell’s five-minute veterinary consult clinical companion: Canine and feline behavior. Blackwell Publishing.
- Hsu, Y., & Sun, L. (2010). Factors associated with aggressive responses in pet dogs. Applied Animal Behaviour Science, 123(3–4), 108–123.
- Ibáñez, M., & Anzola, B. (2009). Use of fluoxetine, diazepam, and behavior modification as therapy for treatment of anxiety-related disorders in dogs. Journal of Veterinary Behavior, 4(6), 223–229.
- King, J. N., Simpson, B. S., Overall, K. L., Appleby, D., Pageat, P., Ross, C., & Wren, J. (2004). Treatment of separation anxiety in dogs with clomipramine: Results from a prospective, randomized, double-blind, placebo-controlled, parallel-group, multicenter clinical trial. Applied Animal Behaviour Science, 67(4), 255–275.
- Korpivaara, M., Aspegrén, J., & Huhtinen, M. (2017). Dexmedetomidine oromucosal gel for noise-associated acute anxiety and fear in dogs: A randomised, double-blind, placebo-controlled clinical study. Veterinary Record, 180(14), 356.
- Kruszka, M., Costa, R. E., & Dodman, N. H. (2021). The use of gabapentin and trazodone for anxiety in dogs. Journal of Veterinary Pharmacology and Therapeutics, 44(3), 299–307.
- Kwan, N. C., & Bain, M. J. (2013). Owner attachment and problem behaviors related to relinquishment and training techniques of dogs. Journal of Applied Animal Welfare Science, 16(2), 168–183.
- Landsberg, G. M., Melese, P., Sherman, B. L., Neilson, J. C., Zimmerman, A., & Clarke, T. P. (2008). Effectiveness of fluoxetine chewable tablets in the treatment of canine separation anxiety. Journal of Veterinary Behavior, 3(1), 12–19.
- Landsberg, G., Hunthausen, W., & Ackerman, L. (2013). Behavior problems of the dog & cat (3rd ed.). Saunders Elsevier.
- Lee, W. J., Lee, J. S., & Kim, H. Y. (2008). Genetic polymorphism of the dopamine D4 receptor (DRD4) and its association with behavioral traits in dogs. Journal of Veterinary Medical Science, 70(7), 653–659.
- Luescher, A. U., & Reisner, I. R. (2008). Canine aggression toward familiar people: A new look at an old problem. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 38(5), 1107–1130.
- Mariti, C., Raspanti, E., Zilocchi, M., Carlone, B., & Gazzano, A. (2017). The assessment of dog welfare in the waiting room of a veterinary clinic. Animal Welfare, 26(3), 299–305.
- Martínez, Á. G., Santamarina Pernas, G., Diéguez Casalta, F. J., Suárez Rey, M. L., & De la Cruz, L. F. (2011). Risk factors associated with behavioral problems in dogs. Journal of Veterinary Behavior, 6(4), 225–231.
- McDevitt, L. (2007). Control unleashed: Creating a focused and confident dog. Clean Run Productions.
- McEwen, B. S., & Magarinos, A. M. (2001). Stress and hippocampal plasticity: Implications for the pathophysiology of affective disorders. Human Psychopharmacology: Clinical and Experimental, 16(1), S7–S19.
- McMillan, F. D. (2013). Stress-induced and emotional eating in animals: A review of the experimental evidence and implications for companion animal obesity. Journal of Veterinary Behavior, 8(6), 376–385.
- Moberg, G. P., & Mench, J. A. (2000). The biology of animal stress: Basic principles and implications for animal welfare. CABI Publishing.
- Ogata, N., & Dodman, N. H. (2011). The use of clonidine in the treatment of fear-based behavior problems in dogs: An open trial. Journal of Veterinary Behavior: Clinical Applications and Research, 6(3), 130–137.
- Overall, K. L. (1997). Clinical behavioral medicine for small animals. Mosby.
- Overall, K. L. (2013). Manual of clinical behavioral medicine for dogs and cats. Elsevier.
- Overall, K. L., & Love, M. (2001). Dog bites to humans — demography, epidemiology, injury, and risk. Journal of the American Veterinary Medical Association, 218(12), 1923–1934.
- Pageat, P. (1998). Pathologie du comportement du chien (2nd ed.). Editions du Point Vétérinaire.
- Panksepp, J. (1998). Affective neuroscience: The foundations of human and animal emotions. Oxford University Press.
- Perez-Guisado, J., & Munoz-Serrano, A. (2009). Factors linked to dominance aggression in dogs. Journal of Animal and Veterinary Advances, 8(2), 336–342.
- Riemer, S., Heritell, M., & Wider, R. (2021). Prevention of noise phobia in dogs: The effect of training and husbandry conditions. Applied Animal Behaviour Science, 236, 105244.
- Rosado, B., García-Belenguer, S., León, M., & Palacio, J. (2010). Blood concentrations of serotonin, cortisol and dehydroepiandrosterone in aggressive dogs. Applied Animal Behaviour Science, 123(3–4), 124–130.
- Sarviaho, R., Hakosalo, O., Tiira, K., Sulkama, S., Salmela, E., Hytönen, M. K., & Lohi, H. (2019). Two novel genomic regions associated with fearfulness in dogs overlap human neuropsychiatric loci. Translational Psychiatry, 9(1), 18.
- Schalamon, J., Ainoedhofer, H., Höllwarth, M. E., Zmugg, G., Zwick, E. B., & Singer, G. (2006). Analysis of dog bites in children who are younger than 17 years. Pediatrics, 117(3), e374–e379.
- Scott, J. P., & Fuller, J. L. (1997). Genetics and the social behavior of the dog. University of Chicago Press.
- Simpson, B. S., & Papich, M. G. (2003). Pharmacologic management in veterinary behavioral medicine. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 33(2), 365–404.
- Stellato, A. C., Flint, H. E., Dewey, C. E., Widowski, T. M., & Niel, L. (2019). Risk-factors associated with veterinary-related fear and aggression in owned domestic dogs. Applied Animal Behaviour Science, 214, 58–66.
- Tiira, K., & Lohi, H. (2014). Reliability and validity of a questionnaire survey in canine anxiety research. Applied Animal Behaviour Science, 155, 82–92.
- Vargas, C. (2013). Clinical application of functional analysis methodology. Journal of Applied Behavior Analysis, 46(2), 1–15.
- Våge, J., Bønsdorff, T. B., Arnet, E., & Lingaas, F. (2010). Differential gene expression in brain tissues of aggressive and non-aggressive dogs. BMC Veterinary Research, 10, 34.
- Vollmer, T. R., & Mehrkam, L. R. (2015). Functional analysis and treatment of problem behavior by domesticated canines. Journal of Applied Behavior Analysis, 48(4), 844–858.
- Weinstock, M. (2008). The long-term behavioural consequences of prenatal stress. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 32(6), 1073–1086.
- Zapata, I., Serpell, J. A., & Alvarez, C. E. (2016). Genetic mapping of canine fear and aggression. BMC Genomics, 17(1), 572.
- Ziv, L. (2017). The effects of using aversive training methods in dogs — A review. Journal of Veterinary Behavior, 19, 50–60.
Generado desde NotebookLM · b7c54b33 · Etología Clínica — PyG · 69 referencias