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Problemas Relacionados con la Separación

MVZ EMVC (EC) Emiliano Arias Vega

Sinopsis · Especie: Canino · Categoría: Comportamiento

Los problemas relacionados con la separación constituyen uno de los diagnósticos conductuales más frecuentes en la consulta etológica canina. El término engloba un espectro de presentaciones clínicas (ansiedad por separación verdadera, hiperapego disfuncional, frustración por confinamiento y déficit de estimulación) cuya distinción funcional determina el plan terapéutico. El sustrato neurobiológico involucra el sistema oxitocinérgico del vínculo, la activación del eje HPA y déficits serotoninérgicos que facilitan el estado de pánico. El abordaje de elección combina modificación conductual basada en DS/CC con farmacoterapia de base (clomipramina o fluoxetina), constituyendo el estándar de oro reconocido por la literatura etológica. El pronóstico depende del estilo de apego, la cronicidad, el compliance del tutor y la presencia de comorbilidades ansiosas.


Por qué “problemas relacionados con la separación” es más preciso que “ansiedad por separación”

Sección titulada «Por qué “problemas relacionados con la separación” es más preciso que “ansiedad por separación”»

El término “ansiedad por separación” ha dominado durante décadas la literatura veterinaria conductual como etiqueta diagnóstica para todos los comportamientos indeseables que el perro exhibe en ausencia del tutor (Borchelt y Voith, 1982; McCrave, 1991). Sin embargo, esta denominación resulta clínicamente imprecisa porque presupone que todos los casos tienen como sustrato emocional un estado de pánico genuino, ignorando la heterogeneidad motivacional real que subyace a las presentaciones observadas (de Assis et al., 2020; Hargrave, 2023). La etología clínica contemporánea prefiere el término “problemas relacionados con la separación” (PRS) como categoría diagnóstica de entrada, reconociendo que el distrés por separación es solo una de varias motivaciones posibles para las conductas problemáticas en ausencia del tutor (Lenkei et al., 2018; Palestrini et al., 2010). Esta distinción no es semántica: determina directamente el plan de modificación conductual y la necesidad, o no, de farmacoterapia (Horwitz, 2009; Sherman y Mills, 2008).

La ansiedad por separación verdadera se manifiesta como un estado de pánico incontrolable y fobia contextual frente al aislamiento, con profunda activación del sistema nervioso simpático (Appleby y Pluijmakers, 2004; Sherman y Mills, 2008). Los animales afectados experimentan taquicardia sostenida, trastornos gastrointestinales agudos y signos de ansiedad anticipatoria evidentes (jadeo, temblores, evitación, shadowing) minutos antes de que el tutor abandone el hogar (Overall et al., 2001; Simpson, 2000). La destructividad en estos cuadros se focaliza de manera característica en las vías de escape (puertas, ventanas, marcos metálicos de jaulas), reflejando el intento desesperado de reunión con la figura de apego (McCrave, 1991; Storengen et al., 2014). La incapacidad para consumir alimento durante la ausencia es un marcador clínico relevante de la intensidad del pánico (Overall et al., 2001).

El hiperapego corresponde a una dependencia funcional infantilizada hacia una figura de apego específica, donde el perro transfiere el vínculo materno primario hacia su tutor humano (Appleby y Pluijmakers, 2003; Schwartz, 2003). Clínicamente se manifiesta como seguimiento constante (shadowing) dentro del hogar, solicitud incesante de contacto físico y, durante la ausencia, dirigir la frustración hacia objetos con alta impregnación olfativa del tutor (prendas de ropa, almohadas, calzado) (Horwitz, 2009; Lund y Jørgensen, 1999). Un hallazgo importante de la literatura reciente es que el hiperapego no siempre implica mayor cantidad de apego, sino un estilo de apego inseguro: en pruebas estructuradas tipo “Situación Extraña”, estos perros no buscan más contacto físico que los controles, sino que carecen de estrategias de afrontamiento autónomas cuando su figura de apego no está disponible (Konok et al., 2015; Parthasarathy y Crowell-Davis, 2006).

A diferencia de los cuadros afectivos anteriores, la destructividad o vocalización por aburrimiento obedece a un déficit de enriquecimiento ambiental, ejercicio físico o estimulación cognitiva adecuada a la edad y raza del animal (Horwitz, 2009; McCrave, 1991). Estos animales no exhiben activación autonómica de pánico, no muestran ansiedad anticipatoria ante las señales de partida del tutor y su conducta destructiva responde a un patrón exploratorio o de juego (masticación de objetos novedosos, muebles, basura) sin focalización en las vías de escape (Landsberg et al., 2013; McCrave, 1991). La ausencia de jadeo, temblores o hipersalivación durante el video de monitoreo es la clave diagnóstica diferencial fundamental (Palestrini et al., 2010).

La frustración por confinamiento es un cuadro distinto en el que el animal exhibe comportamientos problemáticos en respuesta directa a la restricción espacial, independientemente de si el tutor está presente o ausente (Hargrave, 2023; Lenkei et al., 2018). Se manifiesta especialmente en perros encerrados en jaulas, cuartos específicos o patios, y la conducta remite cuando el confinamiento cesa, sin necesidad de modificar la relación de apego (de Assis et al., 2020). Este diagnóstico es relevante porque puede coexistir con la ansiedad por separación verdadera como comorbilidad, agravando la presentación clínica (Sherman y Mills, 2008).

Marcos conceptuales en la nosología de los PRS

Sección titulada «Marcos conceptuales en la nosología de los PRS»

Los marcos conceptuales de la medicina del comportamiento veterinario (escuela francesa, modelo anglosajón, metodologías multiaxiales, ABA y cognitivismo) se desarrollan en detalle en: Marcos conceptuales en medicina del comportamiento veterinario

El modelo francés liderado por Pageat clasifica los PRS dentro de las patologías del hiperapego, distinguiendo entre un hiperapego simple (sin ansiedad) y el hiperapego con ansiedad de separación (con activación autonómica y destructividad en ausencia del tutor) (Pageat, 1998; Landsberg et al., 2013). El modelo anglosajón (Overall, Mills) agrupa todas las presentaciones bajo el espectro de los trastornos de ansiedad, enfatizando el papel del estado emocional aversivo como factor mantenedor independiente de su etiología específica (Mills, 2003; Overall, 2013). El enfoque multiaxial de Fatjó y Bowen permite triangular el diagnóstico en ejes conductual, emocional, psicosocial y médico, facilitando la identificación de comorbilidades y el diseño de intervenciones con mayor especificidad (Fatjó y Bowen, 2020).

Los problemas de separación desde distintos marcos conceptuales

Sección titulada «Los problemas de separación desde distintos marcos conceptuales»

El modelo anglosajón agrupa bajo “ansiedad por separación” presentaciones clínicas funcionalmente heterogéneas que los demás marcos nosológicos clasificarían con diagnósticos y mecanismos distintos (Mills, 2003; Overall, 2013). La etiología (ruptura del vínculo afectivo, hiperapego, hipoestimulación o frustración por confinamiento) determina tanto el pronóstico como la estrategia terapéutica más adecuada (Pageat, 1998; Fatjó y Bowen, 2020).

Presentación clínicaModelo francés (Pageat)Modelo multiaxial (Fatjó/Bowen + Mills)Perspectiva ABAPerspectiva cognitivista
Destrucción y vocalizaciones exclusivamente durante ausencia del tutorAnsiedad por separación: estado ansioso vinculado a la ruptura del vínculo afectivo primario; el tutor funciona como ancla de homeostasis emocional (Pageat, 1998; Landsberg et al., 2013)Eje psicosocial: vínculo inseguro o hiperapego; eje emocional: estado afectivo negativo ante la ausencia del tutor; eje ambiental: ausencia de estímulos alternativos capaces de sostener la homeostasis (Fatjó y Bowen, 2020; Mills, 2003)La presencia del tutor funciona como estímulo discriminativo para el acceso a reforzadores primarios; la ausencia genera extinción operante → estallido de extinción expresado como destrucción y vocalización (Vollmer y Mehrkam, 2015; Lindsay, 2001)Appraisal de pérdida e incontrolabilidad: la ausencia del tutor se evalúa como amenaza a la seguridad; el animal no puede predecir el retorno, lo que maximiza la evaluación de riesgo (Mendl et al., 2010; Paul et al., 2005)
Escalada de ansiedad ante señales pre-salida (ponerse zapatos, coger llaves)Estado fóbico condicionado a señales pre-salida: las claves contextuales adquirieron valencia aversiva por emparejamiento repetido con la ausencia (Pageat, 1998)Eje conductual: respuesta condicionada a estímulos pre-salida; eje emocional: anticipación ansiosa; triangulación: determinar si la reacción es miedo o frustración anticipatoria (Fatjó y Bowen, 2020; Mills, 2003)Condicionamiento clásico: las señales pre-salida se convirtieron en estímulos condicionados que predicen de forma fiable la ausencia del tutor y desencadenan respuesta autonómica anticipatoria (Lindsay, 2001; Vollmer y Mehrkam, 2015)Sesgo atencional hacia señales de abandono: procesamiento hipervigilante de claves predictoras de separación; appraisal de inminente pérdida del ancla de seguridad (Mendl et al., 2010; Karagiannis et al., 2015)
Conductas disruptivas presentes también con el tutor en casa (hiperapego)Hiperapego sin ansiedad por separación verdadera: el animal requiere contacto físico constante pero no desarrolla ansiedad clínica ante ausencias breves; pronóstico diferente (Pageat, 1998; Landsberg et al., 2013)Eje psicosocial: vínculo excesivamente dependiente; eje conductual: búsqueda compulsiva de contacto; diagnóstico integrador: hiperapego como factor predisponente, no como trastorno equivalente a la ansiedad por separación (Fatjó y Bowen, 2020)El contacto físico con el tutor funciona como reforzador positivo de alta potencia; las conductas de búsqueda de contacto se mantienen por reforzamiento positivo intermitente; funcionalmente distinto de la ansiedad por separación (Vollmer y Mehrkam, 2015)Sesgo cognitivo hacia estímulos relacionados con el tutor: evaluación del entorno como fuente de amenaza en ausencia de la figura de apego; appraisal diferente al de la ansiedad verdadera (Paul et al., 2005)
Comportamientos disruptivos en ausencia sin signos autonómicos de pánico (hipoestimulación)No constituye ansiedad por separación: ausencia de estado ansioso clínico; el animal dirige conductas exploratorias y de juego disponibles en el ambiente; diagnóstico: síndrome de privación de estímulos (Pageat, 1998)Eje ambiental: ausencia de enriquecimiento adecuado como causa primaria; eje conductual: conductas de hipoestimulación; el eje emocional no muestra estado afectivo negativo sostenido (Fatjó y Bowen, 2020)La ausencia funciona como contexto de extinción de reforzadores habituales; las conductas disruptivas se mantienen por reforzamiento intrínseco (juego, exploración) o por acceso contingente a recursos (Lindsay, 2001)Appraisal neutro de la ausencia: el animal no evalúa la separación como amenaza; la conducta es instrumentalmente motivada, no emocionalmente angustiante (Mendl et al., 2010)

La distinción entre ansiedad por separación verdadera, hiperapego y conductas por hipoestimulación tiene implicaciones terapéuticas directas: solo la ansiedad verdadera justifica farmacoterapia de base, mientras que el hiperapego requiere un protocolo de independencia gradual y la hipoestimulación se resuelve con enriquecimiento ambiental y ejercicio (Overall, 2013; Fatjó y Bowen, 2020; Landsberg et al., 2013).


Neurobiología del vínculo y la separación

Sección titulada «Neurobiología del vínculo y la separación»

La Teoría del Apego, formulada originalmente por John Bowlby para describir el vínculo materno-infantil en primates, ha sido validada empíricamente en la especie canina mediante adaptaciones metodológicas de la “Situación Extraña” de Ainsworth (Bowlby, 1958; Topál et al., 1998). Estos estudios demuestran inequívocamente que los perros adultos utilizan a sus tutores como base segura para explorar entornos novedosos e interactuar con extraños, regresando a ellos ante señales de amenaza (Palestrini et al., 2005; Prato-Previde et al., 2003). Cuando esta base segura se vuelve inaccesible, el animal pierde la homeostasis emocional y desarrolla un marcado sesgo cognitivo pesimista, evaluando la ausencia del tutor como una amenaza incontrolable y altamente aversiva (Appleby y Pluijmakers, 2004; Mendl et al., 2010).

La oxitocina, neuropéptido hipotalámico fundamental para la cognición social y la regulación del miedo, es el principal mediador neuroquímico del vínculo interespecífico entre perro y humano (Nagasawa et al., 2015; Thielke y Udell, 2017). La interacción visual positiva y sostenida entre el perro y su tutor activa un bucle de retroalimentación de oxitocina bidireccional que imita fisiológicamente las vías del apego materno humano, inhibiendo la reactividad de la amígdala y atenuando las respuestas de estrés (Nagasawa et al., 2015; Odendaal y Meintjes, 2003). Este efecto requiere la interacción sinérgica de la oxitocina con las vías dopaminérgicas del núcleo accumbens para codificar el valor de recompensa social del tutor, lo que explica la naturaleza motivacionalmente compulsiva del apego (Liu y Wang, 2003; Thielke y Udell, 2017).

La vasopresina actúa como coadyuvante del sistema oxitocinérgico en la consolidación de los vínculos selectivos, modulando también la agresión territorial que algunos perros con apego inseguro exhiben al defender el acceso a la figura de apego (Topál et al., 1998).

Opioides endógenos y el sistema de búsqueda

Sección titulada «Opioides endógenos y el sistema de búsqueda»

Los opioides endógenos, en particular las beta-endorfinas, participan activamente en el refuerzo positivo del contacto social y en la consolidación del vínculo afiliativo (Panksepp, 1998). La separación de la figura de apego provoca una caída abrupta en los niveles de opioides endógenos, que se manifiesta clínicamente como llamadas de vocalizacion de aislamiento (aullidos, gemidos), el equivalente funcional al distress vocalization de los cachorros separados de su madre (Panksepp, 1998; Topál et al., 1998). En la literatura clínica etológica, el mecanismo central que explica el pacing, la deambulación constante y la incapacidad de reposo de la fase aguda es el sistema PANIC/DISTRESS de Panksepp (el circuito subcortical evolutivamente conservado para el mantenimiento de los vínculos sociales), cuya activación desencadena automáticamente vocalizaciones de auxilio y conductas de búsqueda para forzar el reencuentro con la figura de apego (Panksepp, 1998; Overall, 2013). El sistema SEEKING dopaminérgico contribuye a la motivación exploratoria general pero no es el mediador primario del distrés por separación según las fuentes clínicas especializadas (Panksepp, 1998).

Activación del eje HPA y cascada neuroendocrina

Sección titulada «Activación del eje HPA y cascada neuroendocrina»

El aislamiento social percibido como incontrolable desencadena una activación sostenida del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), resultando en elevaciones patológicas del cortisol plasmático y salival que perpetúan el estado de hipervigilancia (Beerda et al., 1997; Tuber et al., 1996). Esta hipercortisolemia crónica ejerce un efecto neurotóxico progresivo sobre el hipocampo, comprometiendo la consolidación de memorias contextuales positivas y reduciendo la capacidad del animal para asociar la ausencia del tutor con experiencias seguras y predecibles (McEwen y Magarinos, 2001).

Simultáneamente, la noradrenalina liberada desde el locus coeruleus eleva el arousal general del sistema nervioso autónomo, facilitando la hiperreactividad a estímulos que en condiciones de homeostasis son irrelevantes (Beerda et al., 1997). En casos de ansiedad por separación crónica, se han documentado niveles séricos alterados del Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF) y déficits en la neurotransmisión serotoninérgica inhibitoria, lo que justifica fisiológicamente el uso de ISRS y antidepresivos tricíclicos en estos pacientes (King et al., 2000; Moesta et al., 2020; Overall, 2001).

Sesgo cognitivo y estado afectivo negativo crónico

Sección titulada «Sesgo cognitivo y estado afectivo negativo crónico»

Los animales con ansiedad por separación desarrollan un sesgo cognitivo pesimista persistente, evaluando estímulos ambiguos de manera sistemáticamente negativa (Mendl et al., 2010; Karagiannis et al., 2015). Karagiannis et al. (2015) demostraron experimentalmente que la fluoxetina revierte este sesgo pesimista en pruebas cognitivas de discriminación, lo que constituye evidencia directa de que su efecto terapéutico es genuinamente antidepresivo y no una mera sedación motora (Karagiannis et al., 2015). Este estado afectivo negativo crónico actúa como una operación motivacional que potencia la aversividad de todos los estímulos asociados a la separación, incluyendo señales contextuales previamente neutras como el sonido de llaves o la vestimenta específica del tutor (Michael, 1982; Laraway et al., 2003).


El período sensible de socialización, comprendido entre la tercera y la duodécima semana de vida, es el ventana crítica de neuroplasticidad durante la cual el cachorro establece los fundamentos del apego y aprende estrategias básicas de afrontamiento ante el aislamiento (Scott y Fuller, 1997). Una separación prematura de la madre (antes de las ocho semanas de edad) ha sido consistentemente asociada con mayor prevalencia de problemas relacionados con la separación en la adultez, posiblemente por interferir con el proceso natural de individuación (Appleby et al., 2002; Jagoe y Serpell, 1996). Las experiencias de separación breve y controlada durante el período sensible, por el contrario, parecen actuar como inoculación conductual, desarrollando tolerancia al aislamiento y estrategias de autorregulación (Gazzano et al., 2008; Scaglia et al., 2013).

Los PRS tienen con frecuencia un inicio temporalmente vinculado a cambios significativos en la rutina del hogar: incorporación a un trabajo tras un período de teletrabajo prolongado, mudanza, incorporación de un nuevo miembro a la familia o fallecimiento de un conviviente humano o animal (Flannigan y Dodman, 2001; Horwitz, 2009). La pandemia de COVID-19 generó un aumento documentado de casos de PRS al exponerse repentinamente a los animales a períodos de soledad tras meses de presencia constante del tutor en el hogar (de Assis et al., 2020). Los cambios en el horario de trabajo y las variaciones impredecibles en las rutinas de partida y llegada son factores de mantenimiento que dificultan la habituación al aislamiento (Flannigan y Dodman, 2001).

La heredabilidad de los rasgos temperamentales asociados a la ansiedad y el apego está bien documentada, con loci genómicos específicos superpuestos a genes de vulnerabilidad psiquiátrica humana (Sarviaho et al., 2019; Tiira et al., 2016). Algunas razas muestran mayor prevalencia de PRS, entre ellas el Border Collie, el Labrador Retriever y los caniches, posiblemente relacionado con selección histórica para trabajo en estrecha colaboración con el humano (Flannigan y Dodman, 2001; Horwitz, 2009). Sin embargo, la expresión fenotípica del problema requiere siempre la interacción entre predisposición genética y factores ambientales de crianza y manejo (Duffy et al., 2008; Tiira et al., 2016).

Los perros con historia de abandono, múltiples adopciones o estancias prolongadas en refugios muestran tasas significativamente más altas de PRS, evidenciando el impacto de las experiencias aversivas tempranas sobre la representación interna de la disponibilidad de la figura de apego (Flannigan y Dodman, 2001; Storengen et al., 2014). El estrés prenatal materno puede alterar la reactividad del eje HPA de los cachorros in utero mediante mecanismos epigenéticos, programando fenotipos más reactivos y con menor tolerancia al aislamiento (Bosch et al., 2007; Weinstock, 2008).


Los signos de ansiedad por separación verdadera se instauran casi invariablemente dentro de los primeros 15 a 30 minutos tras la partida del tutor, reflejando la activación aguda del sistema de distrés por aislamiento (Palestrini et al., 2010; Simpson, 2000). Este período inicial es el de mayor intensidad: la mayoría de las vocalizaciones, conductas destructivas y signos autonómicos ocurren en este intervalo (Storengen et al., 2014). En casos severos, el pico de activación puede preceder incluso a la partida, manifestándose como ansiedad anticipatoria observable desde 30 a 60 minutos antes de que el tutor abandone el hogar (Appleby y Pluijmakers, 2004; Sherman y Mills, 2008).

Las vocalizaciones de separación adoptan un patrón funcionalmente equivalente a las llamadas de aislamiento de los cachorros: aullidos sostenidos, gemidos repetitivos y ladridos atonales que expresan angustia y solicitud de reencuentro (Panksepp, 1998; Storengen et al., 2014). Su naturaleza repetitiva y la ausencia de estímulo externo identificable las distinguen de las vocalizaciones territoriales o de alerta (McCrave, 1991). La intensidad y persistencia de las vocalizaciones correlacionan con la severidad del cuadro, pero su ausencia no descarta el diagnóstico: algunos perros presentan formas silenciosas de distrés que solo se detectan mediante grabación de video (Palestrini et al., 2010).

La destrucción en la ansiedad por separación verdadera presenta una topografía característica que la distingue de otras causas: se concentra predominantemente en las vías de escape (marcos de puertas, bisagras, ventanas, rejas, jaulas metálicas) o en objetos con alta impregnación olfativa del tutor (McCrave, 1991; Horwitz, 2009). Esta focalización evidencia que la motivación no es exploratoria ni lúdica, sino el intento activo de eliminar la barrera que impide el reencuentro (Sherman y Mills, 2008). La destructividad generalizada sobre muebles u objetos aleatorios, sin esta topografía específica, orienta hacia aburrimiento o déficit de estimulación (Landsberg et al., 2013).

La micción y defecación inapropiada durante la ausencia del tutor, en animales que por lo demás tienen un correcto hábito de eliminación, es un signo de activación autonómica involuntaria mediada por el sistema nervioso parasimpático bajo condiciones de estrés intenso (McCrave, 1991; Palestrini et al., 2010). La diarrea por estrés es especialmente indicativa de hiperactivación del eje HPA y diferencia funcionalmente el cuadro de un problema de entrenamiento incompleto (Beerda et al., 1997). Es fundamental documentar si la eliminación ocurre solo en ausencia del tutor o también en su presencia, ya que el patrón diferencial tiene valor diagnóstico directo (Horwitz, 2009).

La hipersalivación profusa (evidenciada por charcos de saliva encontrados al regreso del tutor) es un marcador de activación autonómica simpática que indica pánico genuino (Beerda et al., 1997; Overall et al., 2001). Se acompaña habitualmente de taquicardia, jadeo excesivo, midriasis, temblores y deambulación constante (pacing/circling) que reflejan la incapacidad del animal para regular su nivel de arousal (Beerda et al., 1998; Palestrini et al., 2010). Estos signos autonómicos son clínicamente relevantes porque no pueden ser producidos voluntariamente y constituyen evidencia objetiva del sufrimiento del animal.

Las lesiones físicas en el contexto de PRS son principalmente consecuencia de los intentos frenéticos de escape: abrasiones en dientes, encías y uñas por morder rejas o marcos metálicos, laceraciones en patas por arañar puertas y, en casos severos, fracturas dentales o lesiones en cojinetes plantares (Overall et al., 2001; Storengen et al., 2014). En una minoría de casos, pueden presentarse conductas de autolesión secundaria como lamido compulsivo o masticación de la cola, que pueden evolucionar hacia dermatitis acral por lamido si no se trata el cuadro subyacente (Sherman y Mills, 2008).

La incapacidad para consumir alimento o beber agua durante la ausencia del tutor, revertida en el instante del regreso, es un indicador de la intensidad del estado emocional negativo (Overall et al., 2001; McCrave, 1991). Algunos animales muestran inmovilidad, letargo o depresión conductual marcada como expresión de incontrolabilidad aprendida, particularmente en cuadros de larga evolución sin tratamiento (Seligman, 1975; Overall, 2013). Este estado de resignación no debe confundirse con mejoría espontánea: la aparente “calma” representa en realidad un estado de desesperanza que agrava el pronóstico (Overall, 2013).

Ansiedad anticipatoria y señales de partida (predeparture cues)

Sección titulada «Ansiedad anticipatoria y señales de partida (predeparture cues)»

Los perros aprenden con notable rapidez a asociar los rituales cotidianos del tutor con la inminente separación: ponerse el abrigo, tomar las llaves, calzar zapatos de calle o acercarse a la puerta se convierten en estímulos condicionados que activan la respuesta de estrés (Appleby y Pluijmakers, 2004; Sherman y Mills, 2008). Como resultado, la ansiedad anticipatoria se manifiesta mucho antes de que se produzca la separación real, con jadeo, shadowing obsesivo, temblores e incapacidad de reposo que pueden iniciar 30 a 60 minutos antes de la partida (Palestrini et al., 2010). La presencia de ansiedad anticipatoria intensa es un indicador de severidad clínica elevada y de necesidad de farmacoterapia de base (Overall, 2013; Sherman y Mills, 2008).


El criterio diagnóstico más importante para confirmar la ansiedad por separación verdadera es que los signos deben ocurrir exclusivamente o de manera marcadamente predominante durante la ausencia, real o percibida, del tutor (Horwitz, 2009; Overall et al., 2001). Si los comportamientos problemáticos también ocurren en presencia del tutor, se deben investigar activamente otros diagnósticos (Sherman y Mills, 2008).

DiagnósticoPresentación clínicaClave diagnóstica diferencial
Ansiedad por separación verdaderaDistrés en ausencia del tutor; destrucción en vías de escape; hipersalivación, jadeo, taquicardia; ansiedad anticipatoria (McCrave, 1991; Sherman y Mills, 2008)Signos ausentes cuando el tutor está presente; pico en primeros 30 min; video confirma pánico autonómico
Hiperapego disfuncionalShadowing constante; destructividad hacia objetos con olor del tutor; estilo de apego inseguro sin pánico autonómico intenso (Konok et al., 2015; Horwitz, 2009)Menor activación autonómica; objetos impregnados > vías de escape; se beneficia antes de DS que de fármacos
Aburrimiento / hipoestimulaciónDestructividad generalizada, lúdica o exploratoria; no hay signos autonómicos; no hay ansiedad anticipatoria (McCrave, 1991; Landsberg et al., 2013)Destrucción sin focalización; sin jadeo ni pacing; responde a enriquecimiento
Frustración por confinamientoSignos presentes solo al confinarlo, no al dejarlo libre; puede ocurrir con el tutor presente (Hargrave, 2023; Lenkei et al., 2018)Remite al retirar el confinamiento; no vinculado a ausencia del tutor
Fobia a ruidos concurrenteDestructividad o eliminación al estar solo, desencadenada por tormentas, pirotecnia o vehículos (Flannigan y Dodman, 2001; Sherman y Mills, 2008)Video muestra correlación temporal con ruidos; puede coexistir con ASA como comorbilidad
Eliminación inapropiada orgánicaMicción/defecación no vinculada a la ausencia; ocurre también en presencia del tutor (Horwitz, 2009; McCrave, 1991)Exploración física y urianálisis normalizan el diagnóstico
Marcaje territorialMicción en superficies verticales; animal no castrado; presencia de estímulos olfativos de otros animales (Pageat, 1998; Landsberg et al., 2013)Patrón de micción vertical; sin otros signos de distrés
Disfunción cognitiva caninaAnimal geriátrico; desorientación, ciclos de sueño invertidos, eliminación inapropiada, vocalización nocturna (Overall, 2013; Landsberg et al., 2013)Evaluación neurológica y escala CDS; curso progresivo
Dolor crónicoComportamiento problemático asociado a postura, manipulación o movimiento; puede exacerbarse al estar solo (Barcelos et al., 2015; Camps et al., 2012)Exploración musculoesquelética; responde a analgesia; no vinculado exclusivamente a ausencia
Vocalización territorialLadridos en respuesta a estímulos externos audibles (cartero, pasos, otros perros) (McCrave, 1991)Correlación temporal con estímulo externo; cesa al cesar el estímulo

La evaluación diagnóstica debe iniciar con una anamnesis exhaustiva que mapee con precisión la cronología de aparición de los síntomas, los contextos de presentación, los intentos previos de tratamiento y la dinámica diaria del hogar (Overall, 1997; Horwitz, 2009). Es fundamental documentar si los signos ocurren exclusivamente en ausencia del tutor principal o también con otros convivientes del hogar presentes, ya que la especificidad de la figura de apego tiene implicaciones diagnósticas y terapéuticas (McCrave, 1991; Parthasarathy y Crowell-Davis, 2006). La anamnesis debe incluir la duración típica de las ausencias, la rutina previa a la salida, la presencia de señales de ansiedad anticipatoria y el comportamiento al regreso del tutor (Landsberg et al., 2013).

Uso de cámaras de grabación: protocolo diagnóstico de oro

Sección titulada «Uso de cámaras de grabación: protocolo diagnóstico de oro»

La grabación en video durante la ausencia del tutor es considerada la herramienta diagnóstica de mayor valor en los PRS, ya que proporciona evidencia objetiva de comportamientos que ocurren exclusivamente cuando no hay observadores humanos (Palestrini et al., 2010; Sherman y Mills, 2008). El protocolo recomendado consiste en colocar una cámara con ángulo amplio que capture el área principal de actividad del animal, registrando al menos los primeros 30 a 60 minutos de ausencia para documentar el período de mayor activación (McCrave, 1991). El análisis del video debe centrarse en: presencia de signos autonómicos (jadeo, hipersalivación, temblores), topografía de la destructividad (vías de escape vs. objetos aleatorios), inicio temporal de los signos, presencia de ansiedad anticipatoria y respuesta a estímulos externos que puedan ser desencadenantes alternativos (Palestrini et al., 2010; Storengen et al., 2014).

El C-BARQ (Canine Behavioral Assessment and Research Questionnaire) incluye una dimensión específica para comportamiento relacionado con la separación que evalúa la frecuencia de jadeo, vocalización y destructividad cuando el perro se queda solo, además de medir los dominios de apego y búsqueda de atención (Hsu y Sun, 2010; Tiira y Lohi, 2014). Su uso sistemático permite cuantificar la severidad de la presentación, monitorear la respuesta al tratamiento a lo largo del tiempo y realizar comparaciones entre evaluaciones pre y post-intervención (Duffy et al., 2008; Hsu y Sun, 2010). Otros cuestionarios específicos como el CAQS (Canine Anxiety and Quality of Life Survey) complementan la evaluación del impacto del problema sobre el bienestar global del animal (Sherman y Mills, 2008).

La exploración física completa es obligatoria para descartar causas orgánicas que puedan mimetizar o agravar el cuadro conductual (Barcelos et al., 2015; Camps et al., 2012). En animales geriátricos, la evaluación neurológica y la aplicación de escalas validadas de disfunción cognitiva canina (CDS) son imprescindibles antes de atribuir los signos a un trastorno de separación (Overall, 2013). La eliminación inapropiada siempre debe ser investigada con urianálisis y coprograma para descartar infecciones del tracto urinario, incontinencia o patología gastrointestinal antes de asumir una etiología conductual (Horwitz, 2009).


El primer objetivo de la intervención conductual es enseñar al animal a tolerar la distancia física y la separación breve dentro del hogar mientras el tutor está presente (Horwitz, 2009; Landsberg et al., 2013). Esto implica ignorar sistemáticamente las solicitudes de contacto físico por iniciativa del perro, no el contacto iniciado por el tutor, para reducir la dependencia extrema sin inducir privación afectiva (Horwitz, 2009). El animal se enseña a relajarse en una cama o tapete específico mediante reforzamiento positivo, incrementando gradualmente la distancia entre el perro en su lugar y el tutor, hasta que el animal sea capaz de permanecer tranquilo en otra habitación con la puerta cerrada (Landsberg et al., 2013; Overall, 2013).

Habituación a las señales de partida (predeparture cues)

Sección titulada «Habituación a las señales de partida (predeparture cues)»

El protocolo de habituación a las señales de partida consiste en que el tutor repita múltiples veces al día los rituales asociados a la salida (tomar llaves, ponerse el abrigo, calzar zapatos de calle, acercarse a la puerta) sin completar la partida (Appleby y Pluijmakers, 2004; Landsberg et al., 2013). La repetición masiva de estos rituales sin el evento aversivo de la separación extingue la asociación condicionada entre la señal y el distrés, reduciendo la ansiedad anticipatoria (Sherman y Mills, 2008).

Actualización clínica. Controversia de las falsas salidas: Amat et al. (2014) demostraron que hacer impredecible la salida del tutor mediante “salidas falsas” repetidas puede inducir ansiedad crónica y miedo contextual, ya que los perros prefieren eventos aversivos predecibles a impredecibles. La neurobiología del estrés apoya la predictibilidad como factor protector, no como variable que mantiene el problema. La recomendación actualizada es no usar falsas salidas para confundir al perro, sino crear una señal de seguridad novedosa (ej. un cartel específico en la puerta) que el tutor coloca solo durante las ausencias de entrenamiento controladas, indicando al animal cuándo puede esperar el retorno seguro (Amat et al., 2014; Lenkei et al., 2018).

Desensibilización sistemática con ausencias progresivas

Sección titulada «Desensibilización sistemática con ausencias progresivas»

La Desensibilización Sistemática (DS) para los PRS implica exponer al animal a ausencias comenzando por intervalos mínimos (segundos) y aumentando progresivamente la duración solo cuando el animal demuestra tolerancia sin signos de distrés (Horwitz, 2009; Landsberg et al., 2013). El tutor debe retornar siempre antes de que el perro manifieste cualquier señal de ansiedad, ya que exponer al animal supraumbral produce sensibilización en lugar de desensibilización, agravando el cuadro (Overall, 2013). Un criterio práctico es que el tutor regrese mientras el animal está aún en calma (en su lugar, con postura relajada, sin vocalizar) y no como respuesta a las vocalizaciones o señales de distrés, para evitar el reforzamiento inadvertido de estas conductas (Appleby y Pluijmakers, 2004; Sherman y Mills, 2008).

El Contracondicionamiento Clásico (CC) se implementa entregando al animal un reforzador de muy alto valor (juguetes interactivos con comida congelada, Kong relleno, premios de alta palatabilidad) exclusivamente asociado a las ausencias del tutor (Landsberg et al., 2013; Overall, 2013). El objetivo es modificar la valencia emocional de la ausencia del tutor de aversiva a neutral o positiva, mediante el emparejamiento sistemático de la señal de partida con un estímulo placentero (Butler et al., 2011). El juguete se retira en el momento en que el tutor regresa, preservando su valor exclusivo como predictor de la ausencia (Landsberg et al., 2013).

Advertencia clínica crítica: si el juguete o premio de alto valor se entrega exclusivamente en el momento de la salida, se convierte rápidamente en una señal envenenada (poisoned cue), un nuevo predictor del abandono, provocando que el perro se asuste al verlo y se niegue a consumirlo. Para evitar este efecto, los mismos juguetes deben ofrecerse también frecuentemente mientras el tutor está en casa, de modo que no queden asociados únicamente con la partida (Landsberg et al., 2013; Overall, 2013). Es importante también que el estímulo de contracondicionamiento tenga suficiente valor motivacional para competir con el estado emocional negativo; en animales con ansiedad intensa, la farmacoterapia previa puede ser necesaria antes de que el CC resulte efectivo (Overall, 2013).

Ejercicio físico previo y enriquecimiento ambiental

Sección titulada «Ejercicio físico previo y enriquecimiento ambiental»

El ejercicio aeróbico de intensidad moderada realizado antes de las ausencias reduce la activación basal del sistema nervioso autónomo, facilitando el reposo y el estado de calma durante la separación (Horwitz, 2009; Landsberg et al., 2013). El enriquecimiento ambiental (juguetes de búsqueda de alimento, rompecabezas, estímulos olfativos novedosos) proporciona una fuente de activación cognitiva controlada que compite funcionalmente con la deambulación ansiosa y el comportamiento destructivo (McCrave, 1991). Estas intervenciones son especialmente eficaces en casos de aburrimiento e hipoestimulación, pero también son recomendables como complemento en cuadros de ansiedad verdadera (Landsberg et al., 2013).

Refuerzo diferencial: tipos y aplicación clínica

Sección titulada «Refuerzo diferencial: tipos y aplicación clínica»

El refuerzo diferencial refuerza selectivamente conductas que compiten con la respuesta problemática, sometiéndola a extinción (Miltenberger, 2008; Cooper et al., 2009):

  • DRO (Otra Conducta): premia cualquier respuesta no problemática; técnica de elección inicial cuando la activación emocional es alta.
  • DRI (Conducta Incompatible): premia una conducta físicamente excluyente; el animal no puede ejecutar ambas simultáneamente.
  • DRA (Conducta Alternativa): premia una conducta alternativa específica, no necesariamente incompatible.

En los problemas relacionados con la separación, el refuerzo diferencial cumple una función dual: reducir los comportamientos de hiperapego durante la presencia del tutor y reforzar activamente respuestas de autonomía e independencia (Overall, 2013; Landsberg et al., 2013). El DRO se aplica premiando cualquier momento de reposo autónomo (el animal descansa alejado del tutor sin solicitarlo), consolidando la independencia como conducta reforzada antes de trabajar las ausencias formales (Cooper et al., 2009; Overall, 2013). El DRA sustituye el seguimiento constante (shadowing) por la conducta de ir voluntariamente al espacio designado (su cama o zona de descanso): cada momento de descanso autónomo se refuerza como conducta alternativa al contacto constante (Landsberg et al., 2013). El DRI se utiliza para conductas de solicitud de atención: enseñar al animal a sentarse o ir a su sitio como señal de solicitud de contacto es físicamente incompatible con saltar, ladrar o rascar (Miltenberger, 2008; Cooper et al., 2009). Advertencia clínica crítica: el refuerzo diferencial de independencia no debe confundirse con ignorar al animal sin criterio. La conducta alternativa debe estar claramente definida y solidamente entrenada antes de dejar de reforzar las conductas de hiperapego, para evitar el refuerzo accidental de estados de pánico por extinción no programada (Cooper et al., 2009; Overall, 2013).

Errores comunes en la modificación conductual

Sección titulada «Errores comunes en la modificación conductual»

El error más frecuente y más costoso en el tratamiento de los PRS es castigar al animal por el daño o la eliminación encontrados al regresar: el perro no actúa por “venganza” ni recuerda haber hecho daño, y el castigo diferido únicamente eleva los niveles de ansiedad generalizada y deteriora el vínculo con el tutor (Horwitz, 2009; Overall, 2013).

El segundo error es avanzar demasiado rápido en la jerarquía de ausencias, exponiendo al animal supraumbral y produciendo sensibilización en lugar de desensibilización (Overall, 2013). El tercer error frecuente es iniciar la DS/CC sin farmacoterapia de base en casos severos, donde el estado de pánico del animal impide el aprendizaje asociativo y hace ineficaz cualquier intervención conductual aislada (King et al., 2000; Simpson et al., 2007).


La farmacoterapia específica es frecuentemente indispensable en los PRS moderados a severos, porque el estado de pánico bloquea las vías neurológicas del aprendizaje, haciendo inútiles los protocolos de DS/CC en ausencia de soporte farmacológico (King et al., 2000; Overall, 2013). Los psicofármacos reducen el arousal del eje HPA, promueven la neuroplasticidad hipocampal y elevan el umbral de reactividad, creando la ventana neurocognitiva necesaria para que el animal adquiera nuevas asociaciones durante la modificación conductual (Moesta et al., 2020; Simpson et al., 2007). El estándar de oro reconocido por la literatura es la combinación de terapia farmacológica con modificación conductual estructurada (King et al., 2000; Hart y Cooper, 1996).

La clomipramina es un antidepresivo tricíclico (ATC) que inhibe la recaptación de serotonina y noradrenalina, actuando sobre los déficits neuroquímicos específicos de la ansiedad por separación (Crowell-Davis y Murray, 2006). Es el único fármaco con aprobación específica de la FDA para la ansiedad por separación canina (Clomicalm), con evidencia proveniente de ensayos clínicos aleatorizados y controlados con placebo (King et al., 2000). En el ensayo multicéntrico, prospectivo y doble ciego de King et al. (2000), el 73% de los perros tratados con clomipramina más modificación conductual mostraron mejoría significativa a las 12 semanas, en comparación con el 41% del grupo placebo (King et al., 2000; Seksel y Lindeman, 2001). La dosis recomendada es de 1 a 2 mg/kg por vía oral cada 12 horas, pudiendo alcanzarse hasta 3 mg/kg en casos refractarios (Crowell-Davis y Murray, 2006; Simpson y Papich, 2003).

Se prefiere cuando la ansiedad por separación coexiste con fobia a ruidos, compulsiones o componentes depresivos marcados (Seksel y Lindeman, 2001). Los efectos secundarios incluyen sedación inicial, boca seca, retención urinaria y efectos anticolinérgicos que suelen ceder en las primeras semanas de tratamiento (Crowell-Davis y Murray, 2006).

Fluoxetina: segunda línea con evidencia sólida

Sección titulada «Fluoxetina: segunda línea con evidencia sólida»

La fluoxetina es un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) también aprobado por la FDA para la ansiedad por separación canina (Reconcile), con evidencia clínica procedente de estudios controlados con placebo (Landsberg et al., 2008; Simpson et al., 2007). La dosis recomendada es de 0.5 a 2.0 mg/kg por vía oral cada 24 horas, habitualmente en una administración diaria (Landsberg et al., 2008). En los estudios de registro, el 72% de los perros tratados con fluoxetina más modificación conductual mostraron mejoría significativa, frente al 50% de los perros que solo recibieron terapia conductual (Simpson et al., 2007; Landsberg et al., 2008).

Karagiannis et al. (2015) demostraron que su efecto incluye la reversión del sesgo cognitivo pesimista, lo que evidencia un mecanismo antidepresivo genuino más allá de la reducción del arousal. Se prefiere cuando la presentación curse con alta impulsividad, reactividad intensa o comorbilidades obsesivo-compulsivas (Irimajiri et al., 2009). Puede producir activación conductual inicial en las primeras semanas, que en perros con alto arousal basal puede requerir cobertura temporal con trazodona (Gruen y Sherman, 2008).

El alprazolam es una benzodiacepina de acción corta (agonista GABAérgico) indicado como agente situacional para el manejo agudo del pánico durante la ausencia del tutor (Crowell-Davis y Murray, 2006; Simpson y Papich, 2003). La dosis es de 0.02 a 0.1 mg/kg por vía oral, administrado 30 a 60 minutos antes de la salida del tutor (Crowell-Davis y Murray, 2006). Produce un efecto ansiolítico agudo de 3 a 6 horas de duración, siendo útil como cobertura durante las primeras semanas de tratamiento con ISRS o ATC mientras estos alcanzan niveles terapéuticos (Ibáñez y Anzola, 2009; Simpson y Papich, 2003). Sus limitaciones principales son el riesgo de tolerancia, dependencia física con uso prolongado y, en una minoría de pacientes, desinhibición conductual paradójica con elevación del arousal en lugar de sedación (Herron et al., 2008; Crowell-Davis y Murray, 2006). Su uso en pacientes con historial de agresividad requiere evaluación cuidadosa del riesgo de desinhibición (Simpson y Papich, 2003).

Trazodona y agonistas alfa-2: adyuvantes situacionales

Sección titulada «Trazodona y agonistas alfa-2: adyuvantes situacionales»

La investigación más reciente incluye la tasipimidina (nuevo agonista alfa-2 oral) como terapia específicamente investigada para la ansiedad asociada a la salida del tutor, una indicación que la distingue de la dexmedetomidina y la convierte en candidato relevante para este diagnóstico cuando esté disponible comercialmente (Masson et al., 2024).

La trazodona es un antidepresivo atípico con mecanismo antagonista de los receptores de serotonina 2A e inhibidor de su recaptación (SARI), que actúa como excelente agente adyuvante situacional (Gruen y Sherman, 2008). La dosis recomendada es de 3 a 5 mg/kg por vía oral cada 8 a 24 horas, con posibilidad de ajuste hasta 10 mg/kg en casos refractarios (Gruen y Sherman, 2008). Gruen y Sherman (2008) demostraron en una revisión retrospectiva de 56 casos su gran utilidad cuando los perros no responden adecuadamente a fluoxetina o clomipramina en monoterapia: la adición de trazodona antes de las ausencias facilita el reposo sin los riesgos de tolerancia de las benzodiacepinas (Gruen y Sherman, 2008). Su combinación con ISRS o ATC requiere monitoreo cercano para evitar el síndrome serotoninérgico en dosis elevadas (Gruen y Sherman, 2008).

Selegilina: indicación específica en geriátricos

Sección titulada «Selegilina: indicación específica en geriátricos»

La selegilina es un inhibidor selectivo de la monoamino oxidasa B (IMAO-B) que potencia la neurotransmisión dopaminérgica y, en menor medida, la serotoninérgica y noradrenérgica (Crowell-Davis y Murray, 2006). La dosis recomendada es de 0.5 a 1.0 mg/kg por vía oral cada 24 horas, administrado preferentemente por la mañana para minimizar el efecto sobre el ciclo de sueño (Crowell-Davis y Murray, 2006).

Su indicación principal en PRS se limita a perros geriátricos donde la ansiedad por separación coexiste con disfunción cognitiva canina, dado su efecto neuroprotector y sobre la calidad del sueño (Overall, 2013). Está estrictamente contraindicada en combinación con ISRS o ATC por el riesgo letal de síndrome serotoninérgico (Crowell-Davis y Murray, 2006). Los períodos de lavado son obligatorios antes de cualquier transición: si se retira la selegilina, deben transcurrir mínimo 14 días antes de iniciar clomipramina o fluoxetina; si se retira la fluoxetina para pasar a selegilina, deben transcurrir mínimo 5 semanas completas dada la prolongada vida media de la fluoxetina y su metabolito activo norfluoxetina (Crowell-Davis y Murray, 2006; Simpson y Papich, 2003).

Duración del tratamiento y criterios de retirada

Sección titulada «Duración del tratamiento y criterios de retirada»

Los ISRS y ATC requieren entre 4 y 8 semanas para alcanzar su máxima eficacia clínica, período durante el cual no deben retirarse aunque la respuesta inicial sea modesta (Overall, 2013; Simpson y Papich, 2003). La recomendación estándar es mantener el tratamiento hasta que el animal haya estado libre de signos de ansiedad durante al menos 2 meses de forma estable, antes de iniciar el protocolo de retirada (Landsberg et al., 2013). En pacientes con cuadros severos, de larga evolución o con comorbilidades ansiosas múltiples, el tratamiento puede requerir mantenimiento durante años o incluso de por vida a dosis reducidas (Overall, 2013).

La retirada siempre debe ser gradual y nunca abrupta: la reducción progresiva del 25% de la dosis cada 2 a 4 semanas permite detectar tempranamente signos de recaída y retornar a la última dosis efectiva antes de reintentar una disminución (Crowell-Davis y Murray, 2006; Simpson y Papich, 2003). Si durante la reducción reaparecen los signos, se debe regresar inmediatamente a la última dosis estable por al menos 4 semanas antes de intentar una nueva disminución (Landsberg et al., 2013).

La psicofarmacoterapia es una herramienta de alto impacto clínico, pero su prescripción exige criterios de inclusión estrictos. Las siguientes situaciones representan contraindicaciones absolutas o relativas (Crowell-Davis y Murray, 2006; Simpson y Papich, 2003):

Conducta biológicamente normal: Los psicofármacos no están indicados para suprimir conductas normales de la especie que resulten inconvenientes para el tutor (Overall, 2013; Landsberg et al., 2013). El aburrimiento por hipoestimulación, la destrucción por falta de enriquecimiento o las vocalizaciones de demanda sin ansiedad subyacente no son indicaciones farmacológicas.

Ausencia de plan de modificación conductual: Nunca se prescribe psicofarmacoterapia como tratamiento único (Simpson y Papich, 2003; Ibáñez y Anzola, 2009). Los fármacos reducen la hiperactivación del sistema PANIC/DISTRESS y mejoran la neuroplasticidad para el aprendizaje, pero no modifican la relación del paciente con la separación ni construyen las habilidades de afrontamiento autónomas. La combinación fármaco + protocolo conductual produce consistentemente mejores resultados que cualquiera de los dos en monoterapia (King et al., 2000; Overall, 2013).

Severidad leve con estímulo manejable: Cuando el problema puede abordarse con desensibilización a las señales de partida y ausencias progresivas sin componente de pánico, la farmacoterapia puede ser innecesaria (Overall, 2013; Landsberg et al., 2013).

Contraindicaciones médicas:

  • Hepatopatía: el metabolismo de ISRS y ATC está deteriorado; las benzodiacepinas por vía oral son contraindicación absoluta en gatos por riesgo documentado de necrosis hepática idiopática aguda y fatal (Crowell-Davis y Murray, 2006).
  • Cardiopatía: los antidepresivos tricíclicos (clomipramina) prolongan el intervalo QT y están contraindicados en arritmias o enfermedad cardíaca estructural (Crowell-Davis y Murray, 2006).
  • Epilepsia y trastornos convulsivos: ISRS y ATC disminuyen el umbral convulsivo y requieren monitoreo intensivo o están contraindicados en pacientes epilépticos (Podell, 2004; Crowell-Davis y Murray, 2006).
  • Nefropatía: la gabapentina requiere reajuste de dosis en insuficiencia renal para evitar acumulación tóxica (Crowell-Davis y Murray, 2006).

Riesgo de síndrome serotoninérgico: La combinación simultánea de selegilina + ISRS o ATC, o cualquier fármaco serotoninérgico sin respetar los períodos de lavado obligatorios (14 días para selegilina → ISRS; 5 semanas para fluoxetina/norfluoxetina → selegilina), puede desencadenar un síndrome serotoninérgico letal (Simpson y Papich, 2003; Crowell-Davis y Murray, 2006).

Gestación y lactancia: La mayoría de los psicofármacos atraviesan la barrera placentaria y se excretan en leche materna; contraindicados en hembras gestantes o lactantes (Crowell-Davis y Murray, 2006).


El pronóstico de los PRS es favorable cuando el diagnóstico es preciso, el tratamiento se inicia tempranamente y el tutor muestra alta adherencia al plan terapéutico (Flannigan y Dodman, 2001; Overall, 2013). La combinación de farmacoterapia con modificación conductual estructurada ofrece consistentemente los mejores resultados en la literatura (King et al., 2000; Simpson et al., 2007).

Factores de buen pronóstico:

  • Inicio del problema vinculado a un evento situacional identificable (cambio de rutina, mudanza) y no a déficits tempranos de individualización (Flannigan y Dodman, 2001)
  • Cuadro de evolución corta, sin sensibilización consolidada
  • Alto compliance del tutor con el protocolo de modificación conductual (Kwan y Bain, 2013)
  • Ausencia de comorbilidades ansiosas múltiples
  • Respuesta positiva a la farmacoterapia en las primeras 4 a 8 semanas (Landsberg et al., 2013)

Factores de mal pronóstico:

  • Cronicidad prolongada sin tratamiento, con sensibilización establecida y sesgo cognitivo pesimista consolidado (Overall, 2013; Mendl et al., 2010)
  • Historia de múltiples adopciones o abandono repetido como predictor de estilo de apego inseguro severamente desorganizado (Storengen et al., 2014)
  • Comorbilidades ansiosas múltiples: fobia a ruidos, ansiedad generalizada, compulsiones (Flannigan y Dodman, 2001; Sherman y Mills, 2008)
  • Bajo compliance del tutor, especialmente en la fase de DS con ausencias progresivas (Kwan y Bain, 2013)
  • Presencia de autolesiones que indican intensidad de pánico extrema (Overall et al., 2001)
  • Requerimiento de ausencias largas inevitables (más de 8 horas diarias) durante el período de tratamiento activo (Horwitz, 2009)

Recaídas: Las recaídas son frecuentes ante cambios bruscos de rutina, eventos estresantes o retirada farmacológica prematura, y deben abordarse con el mismo protocolo que el cuadro inicial, dado que la sensibilización neurológica facilita la reinstauración del pánico ante estímulos menos intensos que en la primera presentación (Overall, 2013).


Los problemas relacionados con la separación, especialmente la ansiedad por separación verdadera, representan una de las formas más documentadas de sufrimiento crónico en el perro de compañía (Dreschel, 2010; McMillan, 2013). El estado de pánico sostenido durante horas al día, repetido semana a semana durante meses o años sin tratamiento, constituye una vulneración directa de las Cinco Libertades del bienestar animal (en particular, la libertad de no sufrir miedo ni distrés) y tiene consecuencias sobre la salud física del animal más allá de las puramente conductuales (Duncan, 1993; Moberg y Mench, 2000). La hipercortisolemia crónica asociada a la ansiedad por separación no tratada correlaciona con mayor prevalencia de enfermedad gastrointestinal, inmunosupresión y reducción de la esperanza de vida en animales de compañía (Dreschel, 2010; Beerda et al., 1997).

El impacto sobre el vínculo humano-animal es también significativo: los tutores de animales con PRS severos reportan niveles elevados de estrés, culpa, conflicto en el hogar y, en casos extremos, consideración del abandono o eutanasia como únicas opciones percibidas (McMillan, 2013; Kwan y Bain, 2013).

La intervención temprana protege tanto el bienestar del animal como la calidad del vínculo con su tutor, haciendo de los PRS una prioridad en la consulta etológica desde una perspectiva ética y clínica.

Es responsabilidad del médico veterinario comunicar con claridad al tutor que los comportamientos destructivos, las vocalizaciones y la eliminación inapropiada no son actitudes deliberadas de “desobediencia” o “venganza”, sino expresiones de un estado emocional de pánico que el animal no puede controlar voluntariamente (Horwitz, 2009; Overall, 2013). Esta psicoeducación del tutor es en sí misma una intervención terapéutica que mejora el compliance, reduce el castigo inapropiado y fortalece la relación afectiva necesaria para el proceso de rehabilitación (Kwan y Bain, 2013).


Ver también: Miedo y Ansiedad · Teoría del Apego Canino · Análisis Funcional de la Conducta (AFC) · Desensibilización y Contracondicionamiento · Fluoxetina en etología clínica · Clomipramina en etología clínica · Enriquecimiento ambiental · Señales de calma · Período sensible de socialización · Sesgo cognitivo canino · Disfunción cognitiva canina


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