Ir al contenido

Modelo Nosológico Anglosajón (Overall, Reisner y Landsberg)

MVZ EMVC (EC) Emiliano Arias Vega

Sinopsis · Categoría: Metodología clínica · Aplicación: Todas las especies

El modelo nosológico anglosajón, liderado por Overall, Reisner y Landsberg, clasifica los trastornos del comportamiento mediante categorías fenomenológicas y descriptivas basadas en el contexto del desencadenante, el blanco de la conducta y la función biológica que esta cumple. Integra la identificación explícita de estados emocionales subyacentes (miedo, frustración, ansiedad) y los vincula con disfunciones de neurotransmisión para orientar la farmacoterapia. El descarte riguroso de patologías orgánicas antes de cualquier diagnóstico conductual primario es un requisito estructural del modelo: el cambio de comportamiento suele ser el primer signo clínico de enfermedad médica, por lo que el diagnóstico conductual es inicialmente un diagnóstico de exclusión. Su fortaleza es el pragmatismo clínico; su limitación reconocida es que puede abordar síntomas de forma aislada sin un marco unificador. La literatura contemporánea señala una convergencia progresiva entre el modelo anglosajón y el modelo francés, y la adopción del marco dimensional RDoC del NIMH como evolución de las clasificaciones categoriales rígidas.


El modelo anglosajón parte de una premisa epistemológica distinta a la de la escuela francesa: no propone categorías nosológicas holísticas que expliquen el conjunto del cuadro desde una enfermedad única subyacente, sino categorías fenomenológicas y descriptivas construidas a partir del contexto observacional exacto en que la conducta problema ocurre (Overall, 1997; Reisner, 2003). El diagnóstico se construye respondiendo tres preguntas fundamentales: ¿qué desencadena la conducta?, ¿hacia quién o qué se dirige?, y ¿qué función biológica inmediata cumple para el animal? (Overall, 1997; Landsberg et al., 2013). Este enfoque permite aplicar el modelo a cualquier presentación clínica sin requerir la reconstrucción histórica completa del desarrollo ontogénico del paciente, lo que lo hace altamente pragmático en el contexto de la consulta de referencia (Reisner, 2003).


La clasificación de la agresión canina ejemplifica la lógica del modelo: cada subtipo diagnóstico no es una entidad de estado mental, sino una categoría funcional definida por el contexto del desencadenante y la función biológica de la respuesta (Overall, 1997; Landsberg et al., 2013):

CategoríaDesencadenante contextualFunción biológica
Agresión por miedoAmenaza percibida, escape imposibleDefensa (escape/distancia)
Agresión territorialAproximación al territorioExclusión del intruso
Agresión por protección de recursosProximidad a un recursoMonopolización
Agresión por dolorContacto doloroso o anticipadoProtección nociceptiva
Agresión redirigidaBloqueo de la conducta originalDescarga de arousal
Agresión por conflictoAmbigüedad del status relacionalControl del acceso

Esta granularidad contextual tiene implicaciones terapéuticas directas: los protocolos de DS/CC deben construirse sobre el desencadenante contextual específico, no sobre una categoría emocional genérica (Overall, 2013; Landsberg et al., 2013).


Estados emocionales subyacentes y neurotransmisión

Sección titulada «Estados emocionales subyacentes y neurotransmisión»

A diferencia de lo que una lectura superficial del modelo podría sugerir, el enfoque anglosajón no reduce el diagnóstico a la mera topografía conductual (Reisner, 2003; Overall, 2013). El proceso diagnóstico integra la identificación explícita de los estados emocionales subyacentes (miedo, frustración, ansiedad) y los vincula con las disfunciones de neurotransmisión que los sustentan, para orientar la selección farmacológica (Reisner, 2003; Overall, 2013):

  • Miedo crónico: hiperactivación del circuito amigdalino, déficit serotoninérgico y exceso noradrenérgico → orienta hacia ISRSs e IRSNs (Overall, 2013).
  • Frustración e impulsividad: disfunción dopaminérgica y GABAérgica → puede beneficiarse de moduladores del control inhibitorio (Reisner, 2003).
  • Ansiedad anticipatoria: activación sostenida del eje HPA con hipersecreción de CRF → candidatos para ansiolíticos de acción central (Overall, 2013).

Esta integración neurobiológica distingue el modelo anglosajón de un mero sistema de clasificación descriptiva y lo posiciona como un enfoque de medicina conductual con base farmacológica explícita (Reisner, 2003; Overall, 2013).

Actualización clínica: El enfoque clásico que vinculaba cada estado a un neurotransmisor predominante ha sido superado. La psicofarmacología contemporánea asocia los estados patológicos a disfunciones en circuitos cerebrales completos (ej. circuito de la amígdala, ganglios basales, circuito cortico-estriado-tálamo-cortical) donde interactúan múltiples sistemas neuroquímicos de forma simultánea. Esto fundamenta el uso de politerapia racional cuando la monoterapia es insuficiente (Masson et al., 2024; Fatjó y Bowen, 2020).

Criterios para distinguir agresión funcional de agresión patológica

Sección titulada «Criterios para distinguir agresión funcional de agresión patológica»

La literatura contemporánea establece dos criterios diagnósticos para determinar cuándo la agresión pierde su funcionalidad adaptativa y se convierte en patológica (Masson et al., 2024):

  1. Desproporción: la intensidad de la respuesta agresiva es excesiva respecto al contexto, sin relación con el nivel real de amenaza.
  2. Pérdida de ritualización: el animal ataca sin emitir señales de advertencia previas (gruñido, enseñar los dientes, snap progresivo), reduciendo el repertorio a la mordida directa.

Ambos criterios deben evaluarse conjuntamente; la presencia de uno solo puede no ser diagnóstica de patología primaria.


Descarte médico y comorbilidad médico-conductual

Sección titulada «Descarte médico y comorbilidad médico-conductual»

Un componente estructural del enfoque anglosajón es la evaluación activa de patologías orgánicas en paralelo al diagnóstico conductual (Barcelos et al., 2015; Camps et al., 2012). Esta regla reconoce que el cambio de comportamiento suele ser el primer signo clínico de enfermedad médica o condición orgánica, por lo que el diagnóstico conductual requiere evaluación médica concurrente (Masson et al., 2024; Barcelos et al., 2015).

La conceptualización clásica de “descartar primero, diagnosticar después” ha sido revisada en la literatura contemporánea: la evidencia actual establece que el dolor y el comportamiento no son una secuencia lineal de exclusión sino comorbilidades que se potencian mutuamente. El dolor crónico genera sensibilización central que amplifica la reactividad emocional, y la carga emocional crónica reduce el umbral de procesamiento doloroso; el dolor oculto no es solo algo a descartar, sino con frecuencia una causa primaria activa que mantiene los problemas conductuales incluso cuando el comportamiento parece independiente de la manipulación física (Barcelos et al., 2015; Camps et al., 2012). Esta bidireccionalidad obliga a tratar ambas dimensiones en paralelo, no de forma secuencial.

Tratar conductualmente sin resolver el sustrato médico garantiza el fracaso terapéutico:

  • Dolor musculoesquelético: actúa como operación motivacional que baja el umbral de agresión; su presencia invalida cualquier protocolo de modificación conductual que no lo controle primero (Barcelos et al., 2015; Camps et al., 2012).
  • Alteraciones neurológicas: epilepsia, encefalitis, hidrocefalia, tumores cerebrales, encefalopatía hepática e infecciones del SNC pueden generar cambios conductuales abruptos que simulan trastornos primarios (Overall, 2013; Masson et al., 2024).
  • Enfermedades endocrinas: hipotiroidismo, hiperadrenocorticismo y diabetes mellitus se asocian con cambios en umbral de reactividad, tolerancia al estrés e irritabilidad (Camps et al., 2012).
  • Disfunción sensorial: déficits auditivos o visuales incrementan la reactividad defensiva al reducir la información anticipatoria disponible (Masson et al., 2024).

El protocolo de descarte mínimo incluye examen físico y neurológico completo, hemograma, perfil bioquímico, urianálisis y perfil tiroideo. Cuando hay indicación neurológica, se añade neuroimagen y análisis de LCR (Overall, 2013).


El modelo anglosajón integra naturalmente los principios del análisis operante y el contracondicionamiento respondiente dentro de su marco diagnóstico (Overall, 2013; Landsberg et al., 2013). El diagnóstico contextual define el estímulo discriminativo que debe trabajarse en el protocolo de DS/CC, los gradientes de exposición y las conductas alternativas específicas para reforzar (Overall, 2013). La farmacoterapia se posiciona como coadyuvante que reduce el umbral de activación emocional, permitiendo que la modificación conductual sea efectiva, no como sustituto de la intervención conductual (Reisner, 2003; Overall, 2013).


Evolución hacia criterios dimensionales (RDoC)

Sección titulada «Evolución hacia criterios dimensionales (RDoC)»

La clasificación categorial rígida (donde cada cuadro cae en una categoría discreta) ha sido criticada por ser reduccionista y descartar información clínica relevante (Fatjó y Bowen, 2020). Siguiendo la evolución de la psiquiatría humana, la medicina del comportamiento veterinaria está adoptando el marco de los Research Domain Criteria (RDoC) del NIMH, que evalúa constructos (como los sistemas de valencia negativa: miedo, ansiedad, pérdida) a lo largo de un espectro continuo desde lo normal hasta lo anormal, integrando simultáneamente genética, neurobiología y entorno (Fatjó y Bowen, 2020; Masson et al., 2024). Este enfoque dimensional es compatible con el modelo anglosajón y lo potencia: en lugar de etiquetar la conducta en una categoría cerrada, permite ubicarla en un continuo multidimensional que orienta mejor la intensidad y dirección del tratamiento.

La literatura contemporánea señala además una convergencia progresiva entre el modelo anglosajón y el modelo francés: los manuales de psiquiatría veterinaria más recientes intentan fusionar la base neurobiológica descriptiva anglosajona con el modelo sindrómico francés, con el objetivo de diagnósticos holísticos que identifiquen los circuitos cerebrales disfuncionales y ofrezcan terapias integradas a largo plazo, no solo control sintomático (Masson et al., 2024).


Comparación con el modelo francés de Pageat

Sección titulada «Comparación con el modelo francés de Pageat»
DimensiónModelo francés (Pageat)Modelo anglosajón (Overall)
Unidad de análisisEstado mental + enfermedad subyacenteContexto + función biológica
OntogeniaEje central del diagnósticoRelevante pero no estructural
CategoríasNosológicas (fobia, ansiedad, depresión)Fenomenológicas (agresión por miedo, territorial…)
FarmacoterapiaObligatoria en estados patológicosCoadyuvante a la modificación conductual
Aplicabilidad sin historiaDifícilAlta
Marco unificadorSí (homeostasis emocional)No (categorías independientes)

  • Alta aplicabilidad clínica: puede usarse en primera consulta sin historia ontogénica completa (Reisner, 2003).
  • Granularidad contextual que orienta con precisión los protocolos de modificación conductual (Overall, 2013).
  • Integración explícita de neurobiología y farmacoterapia en el proceso diagnóstico (Overall, 2013).
  • Rigor en el descarte médico que previene el fracaso terapéutico por causa orgánica no identificada (Barcelos et al., 2015).
  • Al no postular una enfermedad única subyacente, la terapia puede abordar cada síntoma de forma aislada sin un marco teórico unificador (Mills, 2003; Frank y Dehasse, 2003).
  • Las categorías fenomenológicas tienen fronteras borrosas: la agresión por miedo y la agresión por conflicto pueden coexistir y reforzarse mutuamente sin que el modelo proporcione criterios claros de priorización (Frank y Dehasse, 2003).
  • La farmacoterapia clásica tendía a seguir el síntoma en lugar de la fisiopatología subyacente; la adopción del enfoque de circuitos cerebrales y del marco RDoC está corrigiendo esta limitación en la práctica contemporánea (Mills, 2003; Masson et al., 2024).

  1. Overall, K. L. (1997). Clinical behavioral medicine for small animals. Mosby.
  2. Overall, K. L. (2013). Manual of clinical behavioral medicine for dogs and cats. Elsevier.
  3. Reisner, I. R. (2003). Differential diagnosis and management of human-directed aggression in dogs. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 33(2), 303-320.
  4. Landsberg, G., Hunthausen, W., & Ackerman, L. (2013). Behavior problems of the dog & cat (3rd ed.). Saunders Elsevier.
  5. Barcelos, A. M., Mills, D. S., & Zulch, H. (2015). Clinical indicators of occult musculoskeletal pain in aggressive dogs. Veterinary Record, 176(18), 464.
  6. Camps, T., Amat, M., & Manteca, X. (2012). A review of medical conditions and behavioral problems in dogs and cats. Animals, 2(4), 514-533.
  7. Frank, D., & Dehasse, J. (2003). Differential diagnosis and management of human-directed aggression in dogs. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 33(2), 269-286.
  8. Mills, D. S. (2003). Medical paradigms for the study of problem behaviour: A critical review. Applied Animal Behaviour Science, 81(3), 265-277.
  9. Masson, S., Bleuer-Elsner, S., Muller, G., Medam, T., Chevallier, J., & Gaultier, E. (2024). Veterinary Psychiatry of the Dog. Springer Nature Switzerland. https://doi.org/10.1007/978-3-031-53012-8